Blog de Juan-Luis Alegret

Blog de Juan-Luis Alegret para compartir lecturas, ideas y sensaciones sobre el estado del mundo y de sus gentes pues no solo hay que saber vivir, sino que también hay que saber donde vives

28 nov 2010

Lliçó d'Economia Política

Socialisme:
Tu tens 2 vaques.
L'estat t'obliga a donar-ne 1 al teu veí.

Comunisme:
Tu tens 2 vaques.
L'estat se les queda i et dóna llet.

Feixisme:
Tu tens 2 vaques.
L'estat te les pren i et VEN la llet.

Nazisme:
Tu tens 2 vaques.
L'estat te les pren i et dispara un tret al cap.

Burocratisme:
Tu tens 2 vaques.
L'estat en perd una, muny l'altra i després se li vessa la llet per terra.

Capitalisme tradicional:
Tu tens 2 vaques.
En vens una i et compres un brau.
Fas més vaques.
Vens les vaques i guanyes diners.

Capitalisme modern:
Tu tens 2 vaques.
Vens 3 de les teves vaques a la teva empresa que cotitza en borsa mitjançant lletres de crèdit obertes per el teu cunyat al banc.
Després executes un intercanvi de participació de deute amb una oferta general associada amb lo qual ja tens les 4 vaques de tornada, amb l'exempció d'impostos per 5 vaques.
La llet que fan les teves 6 vaques és transferida mitjançant un intermediari a una empresa amb seu a les Illes Cayman que torna a vendre els drets de les 7 vaques a la teva companyia.
L'informe anual afirma que tu tens 8 vaques amb opció a una més.
Agafes les teves 9 vaques i les talles a trossets. Després vens a la gent les teves 10 vaques trossejades.
Curiosament durant tot el procés ningú sembla adonar-se que, en realitat, tu només tens 2 vaques.

Economia japonesa:
Tu tens 2 vaques.
Les redissenyes a escala 1:10 i que et produeixin el doble de llet. Però no et fas ric.
Després rodes tot el procés en dibuixos animats. Els anomenes 'Vakimon' i incomprensiblement, et fas milionari.

Economia Alemanya:
Tu tens 2 vaques.
Mitjançant un procés de reenginyeria aconsegueixes que visquin 100 anys, mengin un cop al mes i que és munyin soles.
Ningú creu que tingui cap mèrit.

Economia Russa:
Tu tens 2 vaques.
Comptes i tens 5 vaques.
Tornes a comptar i et surten 257 vaques
Tornes a comptar i et surten 3 vaques.
Deixes de comptar vaques i obres una altra ampolla de vodka.

Economia Xinesa:
Tu tens 2 vaques.
Tens a 300 individus munyint-les.
Expliques al món la teva increïble ràtio de productivitat lletera.
Dispares a un periodista que es disposa a explicar la veritat.

Economia Iraquiana:
Tu no tens vaques.
Ningú creu que no tinguis vaques, et bombardegen i t'envaeixen el país.
Tu segueixes sense tenir vaques.

Economia suïssa:
Hi ha 5.000.000.000 de vaques. És obvi que tenen amo però sembla que ningú sàpiga qui és.

Economia francesa:
Tu tens 2 vaques.
Llavors et declares en vaga, organitzes una revolta violenta i talles totes les carreteres del país, perquè tu el que vols són 3 vaques.

Economia neozelandesa:
Tu tens 2 vaques.
La de l'esquerra et sembla cada dia més atractiva.

Economia espanyola:
Tu tens 2 vaques, però no tens ni idea d'on són.
Però com ja és divendres, baixes a esmorzar al bar que tenen l'Esport.
Si de cas, ja et posaràs a buscar-les dimecres després del pont.

Economia catalana:
Tu tens 2 vaques i l'estat s'encarrega de repartir tal riquesa entre les autonomies més pobres.
Per això, al final l'estat et lliura un cartró de llet Nostra i si protestes et diuen insolidari.
Mentrestant, les autonomies pobres és mengen a la brasa les vaques i després protesten perquè no tenen llet i necessiten tenir vaques.

El desafío regional de Yemen

Mariano Aguirre
La Vanguardia 28-11-2010


Yemen se ha situado en la primera línea de preocupación de Estados Unidos, Europa y los países del golfo Pérsico. La alarma se ha intensificado debido al fallido atentado de un ciudadano nigeriano adiestrado en Yemen en un avión que se dirigía de Holanda a Estados Unidos en diciembre del 2009 y a los recientes descubrimientos de bombas en paquetes comerciales provenientes de este país.
Su frontera con Arabia Saudí y la conexión con Somalia le convierten en un centro estratégico. El país - 24 millones de habitantes con el 70% de población rural-está asediado por graves problemas, desde movimientos secesionistas, agotamiento del petróleo y el agua, hasta una estructura estatal débil y la presencia de una rama de Al Qaeda. Para los países del Golfo es un problema de seguridad y gobernabilidad regional, además de un ejemplo de la inestabilidad que puede emerger cuando el petróleo se acaba.
Yemen fue una región autónoma dentro del imperio otomano, posteriormente colonizada por Gran Bretaña desde 1830. Arabia Saudí, Egipto y Gran Bretaña tuvieron una fuerte influencia durante la transición a la independencia en el siglo XX. El Estado, débil y corrupto, no provee los servicios básicos de educación, salud, agua y electricidad a gran parte de la población, y funciona por negociaciones entre el poder central del presidente Ali Abdulah Saleh, que ocupa el cargo desde 1978, y los líderes tribales.
Este sistema debilita al Estado y agrava la fragmentación de la sociedad en múltiples identidades ya que las tribus no son entidades monolíticas. A la vez, Arabia Saudí canaliza fondos a líderes tribales, lo que desequilibra el poder del Estado central. El deterioro de la economía debido al creciente agotamiento de los recursos petrolíferos favorece la desintegración. El país vive del sector servicios, especialmente un abultado presupuesto de defensa, el contrabando y las licencias de importación.
El presidente Saleh enfrenta una rebelión armada en la provincia norteña de Saada, a un movimiento secesionista en el sur que trata de revertir la unificación del país que se produjo en 1990, y a la rama local de Al Qaeda en la península Arábiga.
Por otro lado, la violenta desintegración de Somalia ha creado flujos de personas y armas a través del golfo de Adén, una vía estratégica para la exportación de petróleo desde la zona del golfo Pérsico. Los actos de piratería que se cometen desde la costa somalí y el grupo insurgente Al Shabab del mismo país contarían con infraestructura en Yemen.

La inestabilidad yemení es peligrosa para Arabia Saudí. La frontera entre ambos, que se extiende casi 2.000 kilómetros, es difícil de controlar. Al Qaeda en la península Arábiga, según las investigaciones de Kristian Coates Ulrichsen (London School of Economics) y Barak Barfi (New America Foundation), tiene una rama local que nació en los años noventa. Sus miembros, que mantienen conexiones con grupos insurgentes en Afganistán y Pakistán, actúan en zonas tribales donde el Gobierno yemení no tiene presencia. Los principales objetivos de la organización son el turismo, las instalaciones de petróleo y los miembros del aparato de seguridad del Estado.

En la zona sur, el movimiento Al Harak denuncia la expoliación de sus recursos por parte del norte. Las provincias de Adén, Lahij, Abyan, Shabuah, Hadramaut y Mahrah constituyeron la República Democrática y Popular de Yemen entre 1967 y 1990. Ese año se unificaron con el norte tras descubrirse petróleo en la zona fronteriza entre ambas partes.

Al Harak, que rechaza toda vinculación con Al Qaeda, está mayoritariamente a favor de la secesión y la independencia, aunque una parte de la población prefiere una solución federalista al tiempo que denuncian al Gobierno de Ali Abdulah Saleh por imponer costumbres y normas conservadoras en una sociedad que se considera más moderna que el resto del país. El sur fue un protectorado británico, lo que le dio un carácter más internacional que el norte, aislado, montañoso y religiosamente más conservador.

En el norte, el Gobierno enfrenta una rebelión de los Houthi pertenecientes a la minoría de la secta chií de los Zaidi, que ha causado miles de muertos y 250.000 desplazados. Desde febrero de este año rige una tregua entre el Gobierno y este grupo, que exige al Ejecutivo atención económica al tiempo que critica su alianza con Washington.

Ante el peligro de una expansión de Al Qaeda, Estados Unidos podría apostar por responder con la fuerza: más ayuda militar al Gobierno, ataques con aviones no tripulados y una eventual intervención. Pero esta implicación de Washington alentaría el nacionalismo yemení y abriría espacios políticos para respuestas radicales en diferentes sectores. Es crucial, en cambio, que los estados del Consejo de Cooperación del Golfo - Arabia Saudí, Kuwait, Bahréin, Omán, Qatar y los Emiratos ÁrabesUnidos- asuman, coordinándose con Europa y Estados Unidos, la crisis de Yemen con medidas de desarrollo y cooperación política.

M. AGUIRRE, director del Norwegian Peacebuilding Centre, en Oslo

23 nov 2010

A quien favorece el voto en blanco

Escribo esto porque es difícil encontrar explicaciones claras y objetivas sobre las diferentes consecuencias de votar en blanco, votar nulo o no votar.

El voto en blanco favorece a los partidos mayoritarios en sistemas electorales como España / Cataluña donde existe el sistema D`Hont para el reparto de los votos emitidos.

El voto en blanco perjudica a las candidaturas que no alcanzan el 3% necesario para tener representación. Esto ocurre así porque a más votos en blanco, que si computan como votos emitidos en comparación a los votos nulos o las.abstenciones, menos porcentaje le toca a cada uno de los partidos y por eso, a los partidos con menor numero de votos, más difícil les será llegar a alcanzar los mínimos que se requieren para obtener representación parlamentaria.. Por ejemplo, en unas votaciones en que el partido A obtiene el 50% de los votos emitidos y el partido B un 3%, en una votación en que no han habido votos en blanco, entonces ambos partidos obtendrían representación. Sin embargo, si en esa votación se produce un 10% de votos en blanco, entonces estos votos si cuentan porcentualmente y el partido A tendría un 45% y el B un 2,7%. Por tanto, el partido B no alcanzaría el 3% requerido y consecuentemente no conseguiría ningún escaño.

Según la Ley de D'Hont los escaños que no se asignan a los partidos que no alcanzan representación se los "reparten" los partidos con mayor porcentaje de votos y por tanto, estos son los que salen beneficiados proporcionalmente al porcentaje de votos que han obtenido cada uno de ellos.

Desde el punto de vista del voto de castigo, o del voto de aquellos que no encuentran ningún partido al que poder votar porque no representan sus intereses, el voto en blanco es el único modo que les queda para participar. En este caso, el voto en blanco favorece a la democracia porque computa, o tiene en cuenta, esos votos de los que si que participan, porque se supone que creen en el sistema, al contrario de las abstenciones que no favorecen al sistema.

Otra cosa será la lectura que hagan del voto en blanco los partidos que obtienen representación.

18 nov 2010

Sàhara occidental, territorio olvidado, memoria histórica perdida

Sáhara, el precio del diletantismo

Múltiples factores dificultan una salida negociada al conflicto. Entretanto, el asalto al campamento saharaui invalida por mucho tiempo la solución autonomista que propone Marruecos para la antigua colonia española

JOSÉ MARÍA RIDAO. El Pais. 18/11/2010

Tras el asalto al campamento de Agdaym Izik, el Gobierno de Marruecos ha invalidado por mucho tiempo la solución autonomista que defiende para el Sáhara Occidental. No solo porque la llamarada de odio entre los saharauis tardará en extinguirse, sino también porque, en su forma de reprimir las protestas, ha puesto de relieve el largo camino que le queda por recorrer para adquirir unas mínimas credenciales democráticas, condición imprescindible para que la solución autonomista sea viable.

Al sofocar por la fuerza las protestas de Agdaym Izik, Rabat perdió incomprensiblemente de vista que las reivindicaciones de los saharauis ofrecían, de manera implícita, una vía para mantener desactivado el conflicto. No reclamaban la independencia, por más que, seguramente, esa fuera la aspiración de los acampados, sino trabajo y vivienda digna. Es decir, colocaban en segundo plano la condición de ocupante de Marruecos para reclamar, en cambio, mejoras sociales. El Gobierno de Rabat no supo o no quiso entenderlo: en Agdaym Izik los saharauis interpelaban a Marruecos como Estado providencia, olvidando de manera momentánea que este era además un Estado ocupante, y quien les respondió fue el Estado ocupante, olvidando que podía haberse comportado como un Estado providencia.

En su configuración actual es difícil, por no decir imposible, entrever una salida negociada para el conflicto del Sáhara. La legalidad internacional respalda la reivindicación del Polisario y de los partidarios de un referéndum de autodeterminación que no restrinja ninguna de las opciones, incluida la independencia. Su argumento -avalado por diversas resoluciones de Naciones Unidas a las que Marruecos ha hecho caso omiso-, es que, antes incluso de la retirada de España, el Sáhara Occidental era ya uno de los territorios pendientes de descolonización cuya situación analiza el Comité de los 24 desde su creación por Naciones Unidas en 1961. En un doble juego propio de la dictadura, el Gobierno español, que formalmente concedía al Sáhara la categoría de provincia, informaba, sin embargo, a Naciones Unidas, admitiendo en el fondo que se trataba de una colonia.

Marruecos, por su parte, alega que la inclusión del Sáhara en la lista que maneja el Comité se debe a que su propia descolonización en 1956 no fue completa, puesto que la España franquista amputó arbitrariamente y disfrazó como provincia un territorio que no le pertenecía.

Pero, más allá de los argumentos jurídicos, lo que también dificulta cualquier salida negociada es la situación de hecho en la región, fijada desde el Acuerdo Tripartito de Madrid y el desenlace provisional de la guerra que se desencadenó en 1976. Mauritania renunció tres años después a su porción en el reparto del Sáhara, derrotada por el Polisario. Apoyado por Argelia, este se mantuvo en guerra con Marruecos hasta el alto el fuego de 1991 y controla la franja oriental del territorio, delimitada por el muro que ordenó construir Rabat y que divide el Sáhara de norte a sur. Los intentos de celebrar un referéndum que culmine la descolonización han fracasado por las acusaciones de falsear el censo con marroquíes a un lado del muro y con argelinos al otro que se dirigen ambas partes.

A este embrollo hay que añadir un factor adicional: el consenso interno en Marruecos acerca de su soberanía sobre el Sáhara limita el margen negociador de Mohammed VI, no ya para flexibilizar la postura marroquí, sino para correr el más mínimo riesgo de un desenlace adverso, ya sea militar o diplomático. Demasiada sangre, demasiados recursos ha enterrado Marruecos en el Sáhara como para que una derrota no ponga en peligro la estabilidad de la monarquía.

Esta limitación del margen negociador y, en definitiva, esta debilidad a la hora de sentarse en una mesa, es lo que Rabat intenta transformar en fortaleza a la hora de tratar con sus vecinos y aliados. Al haber unido la suerte del trono a una salida favorable a sus intereses en el conflicto, Marruecos los coloca invariablemente ante la tesitura de convalidar cualquier iniciativa que emprenda en el Sáhara o de responsabilizarse, en caso contrario, de una inestabilidad política de incalculables consecuencias. Las relaciones con España no escapan a este esquema, complicadas, además, por la condición de antigua potencia colonial, no solo en el Sáhara, sino también en el Rif. En la interpretación marroquí, ese es el hilo conductor que une el conflicto con el Polisario en el sur con la reivindicación territorial de Ceuta y Melilla en el norte: España solo aceptó descolonizar Marruecos a regañadientes, reservándose aquí y allá enclaves y territorios que le ayudasen a conservar mientras fuera posible una posición de supremacía. Las invocaciones a la historia son desestimadas por Marruecos.

Desde España, por descontado, la interpretación es diferente, en gran medida determinada por el hecho de que se tiene conciencia de haber colonizado el Sáhara, pero se ha extinguido por completo la de haber hecho otro tanto en el Rif, donde, sin embargo, se emplearon armas y métodos para reducir a la población que en nada desmerecen los utilizados por el rey Leopoldo y que han dejado profunda huella. Marruecos aparece, así, como una potencia que ha tomado el relevo en la ocupación del Sáhara, no como un territorio administrado colonialmente hasta 1956 que sigue reclamando su integridad territorial. Esta misma disparidad de percepción es la que se produce con respecto a Ceuta y Melilla, una obsesión irredentista que Marruecos emplea por razones tácticas cuando se contempla desde España, y una culminación de la lenta consecución de la integridad territorial -primero pequeños enclaves, luego Tánger, más tarde Cabo Juy y así indefinidamente- cuando se hace desde Marruecos.

Tomando en consideración esta profunda divergencia en las mutuas percepciones, no se pueden ignorar las dificultades para diseñar una política de España hacia Marruecos. Pero, aun sin ignorar esas dificultades, la respuesta del Gobierno español al asalto del campamento de Agdam Ikzir, más que resultar timorata o insuficiente en comparación con la aparente gravedad de los hechos, ha puesto de manifiesto las deficiencias del modelo de relación con Marruecos adoptada en 2004, tras la victoria electoral del Partido Socialista. Antes de esa fecha, el Gobierno del Partido Popular había roto con la estrategia de neutralidad activa asumida durante la Transición, sustituyéndola por la vieja visión africanista que aconsejaba atizar las diferencias entre Marruecos y Argelia para asegurar los intereses de España en el Magreb. Por esta vía, y ebrio de un arrebato patriotero, Aznar llegó al incidente armado con Marruecos y ensalzó, en cambio, los avances democráticos en Argelia.

Pero lo más sorprendente de la historia es que, por razones inexplicables, la diplomacia del Gobierno socialista que sucedió al de Aznar no intentó en ningún caso reconstruir la estrategia de la neutralidad activa sino reformular la visión africanista, aunque cambiándola de signo. Si Aznar se apoyó en Argelia en menosprecio de Marruecos, Zapatero se inclinó hacia Marruecos aunque, seguramente, no por mala disposición hacia Argelia, sino por simple diletantismo.

En las escalinatas del Elíseo durante un viaje a París, el presidente declaró su voluntad de resolver el problema del Sáhara en el plazo de seis meses. A los efectos que importan, no es que la diplomacia española no tuviera en cuenta la complejidad jurídica y sobre el terreno que hace muy difícil, por no decir imposible, entrever una salida negociada al conflicto; lo que no calculó fueron las consecuencias sobre la relación con Argelia, que exigió inmediatas explicaciones sobre el cambio de la posición española en el Sáhara. Y aunque parezca un trabalenguas, la respuesta fue algo así como que no había cambiado pero que, en realidad, había cambiado, o al contrario. Con el previsible resultado de que, al final, ningún actor en el conflicto sabe a ciencia cierta cuál es esa postura y, si la sabe, no la cree.

Tanto diletantismo de Zapatero en respuesta al patrioterismo de Aznar no ha resultado gratuito. Su precio ha sido alejar a España, primero de Argelia, ahora de Marruecos y, finalmente, también de cualquier contribución efectiva para poner fin a la tragedia del Sáhara.

10 nov 2010

Brevisima historia de España por Enrique Lynch

España es un país desvertebrado nacido de una guerra secular de reconquista en la que los bárbaros se impusieron sobre la nación árabe civilizada y que, acto seguido, expulsó a sus judíos y emprendió la conquista y el expolio de las Indias occidentales creando un Imperio que habría de perder al cabo de dos siglos a manos de aquellos mismos que había expulsado. Entretanto acunó la Contrarreforma (que, por cierto, no se caracterizó por ser una cruzada espiritual modernizadora y librepensante), fue reacia a la Ilustración y sorda al liberalismo hasta el punto de que libró una guerra nacional contra el ejército invasor napoleónico, pese a que éste fue un inequívoco factor de modernidad en la primera mitad del siglo y acabó un siglo después sumiéndose en una guerra civil fratricida que desembocó en una dictadura fascista de cuarenta años de la que no fue capaz de librarse sino por la muerte natural del dictador.