Blog de Juan-Luis Alegret

Blog de Juan-Luis Alegret para compartir lecturas, ideas y sensaciones sobre el estado del mundo y de sus gentes pues no solo hay que saber vivir, sino que también hay que saber donde vives

15 ene. 2007

Bajo los efectos de la resaca consumista

Gilles Lipovetsky, padre del por algunos muy denostado paradigma individualista, nos aporta unas muy sugerentes ideas sobre el consumo en su último libro Los tiempos hipermodernos, ideas que nos vienen como añillo al dedo al intentar darnos alguna explicación de la conducta colectiva mayoritaria en estos dias postnavideños de las rebajas.
Según Lipovetsky nadie duda ya que la fiebre del comprar es un mal menor, una forma de consuelo de las desgracias de la vida, un modo de llenar el vacío del presente y el futuro. La escalada consumista se nutre por igual de la angustia existencial y del placer asociado a los cambios. Se podría pensar en el hiperconsumo como en una cura de rejuvenecimiento emocional que no deja nunca de comenzar. En la hipermodernidad, que es el momento en el que vivimos, todo es como si nos hubiera aparecido una nueva prioridad existencial, la de ser perpetuamente “joven”. Nuestra pulsión “neofílica” es ante todo un exorcismo del envejecimiento de la vivencia subjetiva: el individuo des-institucionalizado, volátil e hiperconsumidor es el que sueña con parecerse a un ave fénix emocional.

La cultura hipermoderna se caracteriza por el debilitamiento del poder regulador de las instituciones colectivas y la autonomización correspondiente de los actores frente a las imposiciones de los grupos, ya sean la familia, la iglesia, los partidos, o las culturas de clase. Es por ello que el individuo parece cada vez más descompartimentalizado y móvil, fluido, y socialmente independiente. Pero esta volatilidad significa más desestabilización del Yo que afirmación de un sujeto dueño de si mismo. En este contexto, lo que más debe inquietarnos es la fragilización de la personalidad. Si los individuos son hoy más frágiles, no lo es tanto porque el culto al éxito los destruya, sino porque las grandes instituciones sociales ya no les proporcionan una sólida base estructuradota para sus vidas. De ahí la espiral de trastornos, psicosomáticos, depresiones, que son la otra cara de la sociedad del bienestar. Es así como el individuo hipermoderno pierde en facilidad de vida lo que gana en velocidad operativa, en comodidad, en duración de la existencia.

1 comentario:

Ulcus Putre dijo...

És curiós, molta gent identifica el problema del món actual com si constantment els estessin agredint la seva essència, personalitat, aspiracions... I el que fan és agreujar aquesta situació de desorientació, de manca de teixit social al qual entregar-se. Ja que encara miren de separar-se encara més de tot i anar per la seva banda.