
El BCE imprime dinero, que se lo presta a unos intereses bajísimos a la banca privada para que esta compre deuda pública a unos intereses elevadísimos, que los Estados tienen que pagar al no estar protegidos por un banco central
"Todo hombre cuya alma se suponga libre debe gobernarse a si mismo" (Montesquieu) Blog de Juan-Luis Alegret

publicado en El Periodico
ALBERT SÁEZ 28 ENERO, 2012Subyacen en las primeras reacciones a la suspensión de la actividad de Spanair dos grandes líneas de interpretación. Para unos se trata del fin de otro sueño -en el sentido de ensoñación- del nacionalismo catalán que ha dilapidado el dinero público y privado para construir una compañía aérea tan absurda como hacer porno en catalán. Para otros estamos ante un nuevo episodio de la voluntad centralista y centralizadora del Estado español que ha asfixiado un proyecto que quería convertir el aeropuerto del Prat en alternativa y no en complemento del hub de Barajas. Lo curioso es que el fin de este sueño -en el sentido de proyecto- tiene algo de las dos cosas aliñadas con una indisimulada pulsión autodestructiva de las élites empresariales y políticas catalanas.
Hace aproximadamente 30 años, en las escuelas de negocios y en los ambientes académicos barceloneses cuajó la siguiente idea: el futuro del conglomerado económico e industrial que conforman Barcelona y Catalunya depende de asegurarse un lugar en la globalización. La manera de conseguirlo no será la industria tradicional sino una suma del turismo -gracias a la masa crítica del sol y playa con el derivado de los Juegos-, los servicios de valor añadido, la celebración de congresos internacionales, la industria del conocimiento, la investigación, etc… De aquella reflexión -compartida por el núcleo duro de la sociedad civil y el mainstream de la clase política- surgieron proyectos que hoy son una realidad: la nueva Fira, el 22@, el sincrotón Alba, el parque biomédico, etc. Ya en aquel entonces se dijo que el proyecto era inviable sin un aeropuerto con conectividad intercontinental. Y se creyó que el problema de tenerla era el tamaño del aeropuerto. De manera que se pusieron manos a la obra para conseguirlo. Sucesivos gobiernos centrales se hicieron los suecos pero cuándo Aznar le dió el sí a Pujol, tardamos tres años en poner en marcha el proyecto porque la ampliación del Prat suponía molestias para los señoritos del club de golf y para los ecologistas de la laguna Ricarda. De manera que la actual T1 se retrasó por culpa a medias de los centralistas de Madrid y de los rentistas catalanes.
Mientras, en Madrid, se erigió en silencio una alianza público privada que convirtió -sin previo aviso- a la T4 en el hub de Iberia, gracias a las multimillonarias inversiones del ministerio de Fomento (Álvarez Cascos), la Comunidad de Madrid (entonces Ruiz Gallardón) y Cajamadrid (entonces Miguel Blesa) que dedicaba los fondos de la Obra Social a invertir en Iberia sin que nadie se escandalizara por semejante intervencionismo político.
De esta manera se vio claro desde Catalunya que la futura competencia entre la T1 de El Prat y la T4 de Barajas iba a ser desigual. Primero porque la segunda iba a estar operativa cuando la primera estaba en fase de proyecto y, segundo, porque Iberia no iba a ser neutral sino que, una vez más iba a confundir España con Madrid. Mientras las excavadoras desviaban el Llobregat y protagonizaban el mayor movimiento de tierras de la obra civil en Europa para salvar los pajaritos de la Ricarda, algunos emprendedores idearon la primera alternativa a Iberia: Vueling, una compañía simpática para que los ejecutivos sin corbata pudieran viajar en los mismos aviones que los turistas de mochila. La cosa atrajo finalmente a un empresario de prestigio y talonario como José Manuel Lara y se preparó -con todo un exministro de España como presidente- para convertirse en la compañía de bandera del Prat. No les podrían negar tener una posición privilegiada en los slots de la futura T1 porque serían la insignia del poder catalán en el nuevo aeropuerto. Pero Iberia fue más lista que ellos y buscó entre la burguesía local con apellidos hipercatalanistas (como los Carulla) para encontar a quienes hicieran de palanganeros. Con ellos crearon Clickair y se pusieron en la lista de futuros concesionarios de las instalaciones aeroportuarias. Vueling perdió glamur y los burgueses emprendedores se fusionaron con los palanganeros con capital mayoritario de Iberia. En Madrid respiraron aliviados: aunque al iluso de Zapatero se le ocurriera traspasar El Prat al descamisado Montilla, Clickair-Vueling tendría la mayoría de los slots para satelizar la T1 a favor de la T4. Y en Barcelona algunos recordaron que se pidió la ampliación del Prat como medio para tener vuelos intercontinentales. Y para ello se necesitaba una compañía que apostara por El Prat como base operativa. Y el conglomerado Vueling-Clickair-Iberia no lo iba a hacer. Se pusieron manos a la obra y, a pesar de la inminente crisis económica, se conjuraron con Gobierno y con la oposición para comprar Spanair, alternativa de Iberia-One World, desde la alianza con Luthfansa. Mientras, los palanganeros siguieron cobrando de Iberia para dar patina catalana a Vueling-Clickair y para denunciar en Bruselas las inaceptables ayudas que recibía Spanair, se supone que incomparables con el hecho de que la Comunidad de Madrid se sentara en el consejo de Iberia. Pero con esta milonga consiguieron que Clickair-Vueling tuviera un trato similar al de Spanair en la concesión de slots en la T1 cuando se inauguró. De esta manera el mayor activo que Spanair podía tener para atraer a su accionariado a los competidores globales de Iberia quedó desactivado. Al tiempo que los palanganeros se vendían a buen precio sus acciones a Iberia y ésta anulaba las conexiones con Europa desde El Prat y dedicaba sus flamantes slots a conectar Barcelona con las capitales de provincia y con la T4 de Barajas. El resto ya lo saben. Spanair no encontró socios y el Gobierno decidió no seguir invirtiendo bajo amenaza de la Bruselas alertada por los palanganeros. Y hoy cada uno a lo suyo: la prensa de Madrid se mofa del porno en catalán, la de Catalunya calla acomplejada y a pasar por Málaga para llegar a Madrid. Y ya tenemos 779.000 parados, 4.000 más que el viernes.
El escrito que sigue es la traducción libre, resumida, y en algunos casos reordenada que he hecho, del texto de Bernard Bernier referenciado a continuación. Mi interés por este texto, y sobre todo por su mayor difusión, se debe a que me ha servido mucho para mejorar mi comprensión de la crisis actual, que como muchos analistas nos recuerdan insistentemente, se trata de una crisis que va más allá de lo económico.
Con una doble perspectiva general y particular, el famoso “de cerca y de lejos” de Levi-Strauss, se hace una aproximación a la nueva forma que ha tomado el capitalismo en su continua evolución adaptativa, mostrando de que modo, después de la segunda guerra mundial, ha encontrado y desarrollado una nueva faceta basada en una economía simbólica que se fundamenta en el mercado financiero y en su hegemonía, desarrollo y expansión a escala planetaria, y que ha culminado en la crisis que nos acosa desde 2007.
Economía real y simbólica, flujos financieros y relación global-local
Crisis del capitalismo y reorganización de los modos de apropiación del excedente
Bernad Bernier
Anthropologies et Sociétés 2010 34(2):47-64
La crisis hipotecaria del 2007-2009 y la recesión que le ha seguido, han puesto claramente de manifiesto como se recurre constantemente a conceptos distintivos como “economía real” frente a “economía simbólica” o “virtual” de los flujos financieros.
Son muchos los comentaristas que presentan la crisis como el castigo de esta economía real a un mercado financiero fuera de control. Este análisis contrasta con los postulados anteriores sobre las finanzas que, desde principios de los 80’s, se consideraban tenían una posición central en el discurso sobre la economía.
¿Que puede decirnos la antropología sobre este concepto de “economía real”, sobre su fundamento, y sobre la relación que tiene con la distinción entre lo local y lo global?
No se trata de hacer una etnografía de una parte u otra del sistema económico actual, tal y como lo sugieren Fisher y Downey (2006) y como lo ha hecho Ortiz (2008) con la Bolsa. Lo que interesa aquí es la arquitectura global del sistema actual, sus antecedentes en las representaciones, y algunas de sus consecuencias, también globales, desde la perspectiva de una antropología crítica vinculada y aliada de la economía política.
Se trata de hacer una reflexión sobre el sistema capitalista actual en su conjunto, sobre los procesos y dinámicas que lo caracterizan, el lugar que ocupa el sector financiero y algunas de sus consecuencias.
¿Economía real o economía ficticia?
La economía real como concepto se opone a los flujos financieros, que por su parte serian una economía ficticia o simbólica.
La expresión “economía real” supone que hay una especie de substrato más fundamental en la economía de mercado, un substrato que últimamente estaría imponiendo sus constricciones al mercado financiero. Este sustrato, si existe, no puede ser más que el conjunto de la producción y de la circulación de bienes y servicios, la circulación excluyendo los servicios financieros.
Después de los últimos discursos, el mundo financiero ha podido disociarse de su sustrato y dejarse llevar por muchos excesos, que pasan a ser sancionados por esa “infraestructura” más fundamental. Para comprender como se ha producido esa disociación habrá que analizar de qué forma el sistema financiero se ha ido situando en la posición que actualmente ocupa y cuales son los vínculos que le unen con la denominada economía real.
Desde el punto de vista de los medios financieros (moneda, letras de cambio, reconocimientos de deuda, cheques y tratados), todos ellos fueron inventados en diferentes lugares (China, India, Europa), en diferentes periodos, para facilitar los intercambios. Pero lo que importa considerar aquí no es la invención de estos medios, sino su autonomización o independencia gradual de los flujos financieros en relación a la producción. Esto se produjo en Europa ya a partir del S-XVIII con la puesta en marcha del capitalismo como sistema.
Tal y como muestra Braudel en Civilización material, economía y capitalismo, 1979, T-2:344-348 hubieron tres momentos fuertes en la puesta en funcionamiento de un sistema financiero parcialmente autónomo en Europa: el del S-XIV en Florencia, el del S-XVI en Génova y el del S-XVIII en Ámsterdam. Pero estos primeros ensayos acabaron en un impasse que no se retomó hasta que, con la puesta en marcha de la industria en Inglaterra a finales del S-XVIII y principios del S-XIX, la banca y el sistema financiero se organizaron eficazmente, y este último se configuró como una esfera ya casi autónoma de la economía productiva.
Fue con el crédito acordado a las empresas productivas, o sea con la vinculación orgánica a la economía dicha real, como el sistema finalmente adquirió una cierta estabilidad. Pero esta estabilidad, posible por la expansión de la producción industrial, paradójicamente y al mismo tiempo, supuso una autonomía mayor de los flujos financieros: el crédito en constante aumento, junto a la posibilidad, también en aumento, de transformar las deudas en obligaciones vendibles en el mercado, pasó a funcionar, cada vez más, como un circuito autónomo.
Sin embargo, hubo de pasar aun mucho tiempo para que estos flujos llegaran a adquirir la independencia frente a las otras esferas de la economía que caracterizan al S-XX y S-XXI.
La disociación del sector financiero de su sustrato se desarrolla a partir de ciertas características del mercado y de los productos financieros ya señalados por K. Marx en El Capital y por M. Weber en Economía y sociedad.
Si la moneda adquirió rápidamente una autonomía como medio de cambio, también se transformó rápidamente en objeto de transacción bajo formas diversas: transacciones de monedas, de letras de cambio, de reconocimientos de deuda u obligaciones, y más tarde las transacciones de divisas. Al mismo tiempo se desarrollaron las empresas por acciones. Fue así como los títulos o acciones de las empresas se transformaron en objetos de intercambio que permitieron extender, a efectos financieros, las operaciones de bolsa que inicialmente se habían creado en Europa y Japón para facilitar la venta de productos agrícolas.
El desarrollo de la bolsa ha llevado a la búsqueda constante de nuevos efectos financieros, como recientemente, el arbitraje, los productos derivados, los fondos de pensiones o los fondos especulativos o fondos basura. Todos estos tipos de productos financieros, así como la tierra, se han transformado ya en objetos de transacción y al mismo tiempo, en objetos de especulación.
La especulación es posible precisamente por la separación relativa, o sea la abstracción creciente, entre el sector financiero en relación a la producción. Sin embargo, si bien esta abstracción de los productos financieros es condición necesaria para explicar la dominación reciente del mercado financiero sobre el conjunto de la economía, no es suficiente por ella misma. Otros factores deben ser considerados.
Las crisis sucesivas, como la del 1929, han puesto de manifiesto los graves problemas que planteó la autonomización del mercado financiero. A pesar de las medidas adoptadas para impedir el surgimiento de nuevas crisis del mismo tipo, como los seguros sobre los depósitos, el refuerzo de los Bancos Centrales, el control de las tasas de descuento por los bancos, lo cierto es que otras crisis se han ido produciendo como la japonesa del 1990 o la de las suprime en los EEUU. Estas crisis ponen aun más de manifiesto ciertas características del capitalismo en su conjunto, y del mercado financiero en particular.
Estas crisis derivan directamente de la autonomización del mercado financiero, ya que desde que las finanzas se convierten ellas mismas en una (la) fuente (principal) de beneficios, las transacciones de divisas, los títulos y los terrenos se ponen a funcionar independientemente de la producción y de los intercambios. A ello le sigue una espiral al alza, fundada sobre la venta en serie de títulos y de terrenos, que a su vez suponen un aumento rápido de los precios, sin ningún posible punto de referencia con la rentabilidad que tienen las empresas.
Pero, de la misma forma que la economía no puede separarse totalmente de los aspectos políticos y sociales, las finanzas no pueden separarse totalmente de la producción y la circulación.
Las crisis financieras constituyen las fases de reajuste de los flujos financieros en relación a la producción y a los intercambios comerciales. Dicho de otro modo, los flujos financieros que habían conocido un alza exagerada, un alza que les había llevado a unos niveles sin parangón con las rentabilidades que tenían las empresas, acusan la sanción del mercado, más concretamente de la dicha economía real, lo que supone o se traduce en falta de confianza y fallidas.
La crisis de la teoría económica neoliberal
La crisis financiera mundial a partir del 2007 ha cuestionado la teoría neoliberal que consiste en alabar las cualidades del mercado como medio de asignación de recursos preconizando el libre intercambio, la privatización de las empresas públicas y la desregulación.
La puesta en práctica del neoliberalismo vino de la mano de los gobiernos británico y norteamericano de M. Tatcher y D. Reagan a partir de 1979. Esta política fue seguida por sus sucesores pero no siempre se realizó respetado los postulados básicos al pie de la letra. En algunos casos, cuando convino, se produjeron “desviaciones” en la aplicación de la teoría neoliberal, como cuando se trataba de favorecer a los amigos del régimen o a ciertos sectores considerados prioritarios como el gasto militar en los EEUU.
En realidad, tal y como el aumento importante de las diferencias en los ingresos en los países desarrollados nos muestra claramente, el libre mercado ha favorecido sobre todo aquellas actividades que han permitido a los más ricos aumentar su riqueza. A pesar de todo, la libertad de los intercambios se ha impuesto, poco a poco, íntegramente en la totalidad del sistema financiero, con la ayuda de las redes informáticas que han hecho posibles que las transacciones financieras ya puedan hacerse a escala mundial y a tiempo real.
El neoliberalismo se impuso después de una lucha contra el keynesianismo que era predominante desde la administración Roosevelt y que fue el que estimuló la intervención del Estado para relanzar la economía en crisis en los 30’s. Ello supuso fuertes inversiones en infraestructuras que también tenían como objetivo relanzar la producción y aumentar los ingresos junto a programas sociales para asegurar una cierta redistribución de la riqueza.
La oposición a esta concepción dominante de la economía empezó en los departamentos de ciencia económica de las universidades de EEUU con Hayek y Friedman a la cabeza. Los lugares donde primero se aplicó la teoría neoliberal fue en el Chile de Pinochet, en la Gran Bretaña de la Tatcher y en los EEUU de Reagan.
La aplicación del neoliberalismo ha contribuido desde entonces, y de manera muy significativa, a la desregulación de los mercados y a la disminución de la intervención del Estado en muchos ámbitos de la actividad económica, en particular en las diferentes formas de distribución de la renta, como la seguridad social, dejando lugar al libre mercado. La hegemonía de las políticas neoliberales ha llevado también a la disminución de los impuestos a las empresas y a las franjas de población con ingresos más elevados. Todas estas políticas han acelerado la acumulación de capital, el enriquecimiento de los más ricos, a la vez que producían un estancamiento de las rentas medias.
La puesta en marcha de las políticas neoliberales a partir de los 80’s, ha tenido como consecuencia, entre otras, la apertura de los mercados mundiales a los productos y capitales de los países más ricos, al tiempo que se debilitaban los controles, en particular los reglamentos de los mercados interiores en los países menos ricos. Estos países no han podido resistir las presiones de los países occidentales, que apoyados por los organismos internacionales como el FMI i el BM han actuado mediante los planes de reforma estructural para conseguir la apertura de los mercados, la desregulación y la privatización de las empresas del Estado, especialmente en el ámbito minero, así como la disminución de los fondos gubernamentales destinados a los servicios a la población. En este punto no hay que olvidar la utilización de las crisis regionales como ocasiones ideales para que los organismos internacionales pudieran imponer a los países en dificultades sus condiciones draconianas, inspiradas por la teoría neoliberal, tal y como ocurrió, por ejemplo, con Tailandia y Corea en la crisis de 1997.
La libertad de mercado se ha extendido muy eficazmente y de manera particular, en el ámbito financiero. La des-reglamentación de este sector ha llevado a la orientación creciente de las economías occidentales hacia el sector de las finanzas. De este modo, muchos países han ido abandonando la producción manufacturera, deslocalizándola a países donde los salarios eran más bajos, como en China o el sudeste asiático.
Esta financiarización de la economía ha permitido la creación de fortunas colosales, fundadas en su mayoría sobre actividades eminentemente especulativas. El principio imperante en el sistema financiero ha sido que las actividades no reglamentadas fueran consideradas como legales, hasta que algunos reglamentos empezaran a organizar su utilización. En este contexto, muchos gabinetes de abogados se han especializado en este campo, y su única actividad ha sido ir inventando nuevos productos aun no controlados por las leyes y los reglamentos. Es en este sentido, que el contexto neoliberal de los años 1980-2008 y la debilidad de las reglamentaciones, ha estimulado el desarrollo de nuevos productos especulativos, como los junk bonds, entre otros.
Este sistema ha provocado la valorización del mercado financiero hasta unos niveles sin parangón en relación a lo que ahora llamamos, en contexto de crisis, la economía real, o sea, la economía basada en la producción y circulación de bienes y servicios. Esta noción de economía real parece asociada a una visión de la economía muy próxima a la de Marx, que insistía en la producción como sector central de la economía y la sociedad.El neoliberalismo ha tenido como efecto la desposesión tanto de la tierra, de las cualificaciones como de los empleos y la transferencia de la riqueza desde los más pobres a los más ricos.
En los países ricos ha golpeado tanto a los individuos más pobres como a una parte importante de las clases medias con ingresos medios. En los países pobres, la disminución de las superficies dedicadas a la producción de alimentos para consumo propio, la promoción de los productos de exportación y la creación de muchos funcionarios que posibilitaran ese cambio, han provocado miseria y malnutrición, mientras que los capitales occidentales se centraban en los sectores más rentables como las minas.
Poniendo fin a las resistencias locales, en muchos casos con la ayuda de los gobiernos locales, las empresas multinacionales han expropiado a los campesinos, para transformar las tierras en minas o en plantaciones para la exportación. Se trata de la “acumulación por desposesión” según la expresión de D Harvey en The New Imperialism, Oxford, 2003. Es decir acumulación de capital por los más ricos acaparando los medios de subsistencia de los más pobres, fundamentalmente la tierra, ya sea privada o comunal. En el caso de las minas, las compañías extranjeras además han provocado graves problemas de polución que afectan las poblaciones locales. Pero la desposesión también se ha empezado a centrar en la propiedad intelectual, mediante el acaparamiento de nombres y de conocimientos de los saberes agrícolas tradicionales de las poblaciones indígenas.
Lo que resalta de todos estos ejemplos es que si se deja libre al mercado, o con la libertad necesaria para que favorezca a los más ricos, no cumple con la función de distribuir las riquezas de forma equitativa ni eficaz, ya que la fuerte desigualdad de riqueza limita el desarrollo del mercado de consumo. Los límites al consumo hacen menos rentables las inversiones productivas, lo que empuja a los poseedores de capitales a lanzarse a operaciones cada vez más especulativas para evitar una crisis de sobreproducción.
Es esta consecuencia de las políticas neoliberales la que ha provocado la especulación inmobiliaria y financiera que a su vez ha llevado a la crisis de crédito hipotecario, tanto en los EEUU como en España en 2007-2008.
Este funcionamiento económico no era inevitable. Surgió de políticas fundadas en teorías económicas y ha tenido múltiples consecuencias. Una de ellas, la estimulada por el desarrollo de las tecnologías de la comunicación, ha sido el desarrollo de la economía financiera virtual, fundada en transacciones a nivel mundial y a tiempo real. Esta economía virtual global ha acelerado los procesos de separación de ciertas transacciones en relación al lugar, transportándolas a un espacio de escala planetaria. Pero, tal y como nos recuerdan Castells, Comaroff o Harvey, esta globalización de los flujos financieros no se aplica íntegramente en todas partes, ya que muchas zonas y capas sociales son marginadas y excluidas de esta nueva economía tan rentable. A pesar de ello, ha sido la totalidad del planeta el que ha sufrido las consecuencias. Se trata pues de una fase del capitalismo en que los flujos financieros se están independizando o autonomizando cada vez más de la economía real.
La globalización del mercado financiero y lo local
El vínculo entre el mundo globalizado y lo local es un tema pertinente para el análisis de la “economía real” y los flujos financieros.
La desmaterialización de la moneda, que comenzó con la generalización de la moneda impresa (papel escrito con valor facial avalado por una institución financiera), y se aceleró con los descuentos entre bancos, ha llegado a alcanzar límites inimaginables con Internet.
Una de las consecuencias de esta desmaterialización ha sido la deslocalización del capital, o mejor su (a)localización, en el sentido de desvincularlo de una localidad particular. No se trata de que el capital se vaya a otro lugar, sino que lo que pasa es que ya no está localizable, no está en ninguna parte, aunque puede estar en todas partes, paseando diariamente entre Tokio, Hong Kong, Frankfurt, Londres, Nueva York a caballo de Internet. En este caso la única localización hace referencia al propietario del capital, que tiene su residencia (fiscal) en alguna parte, y que tiene una nacionalidad reconocida por su pasaporte. Pero su capital es móvil, inmaterial y desmaterializado.
Al estar (a)localizado, el capital ahora puede servir para transacciones muy diversas, sin estar constreñido por la materialidad, y a pesar que deba someterse a las reglamentaciones locales, que siempre tratará de saltarse, entre otras, creando nuevos efectos financieros, aun no cubiertos por las leyes y los reglamentos locales, o bien utilizando a los organismos y tratados internacionales para forzar a ciertos países a modificar sus leyes en beneficio de la desreglamentación.
La economía dicha real, en cuanto tal esta fuertemente localizada, aún cuado se habla de deslocalizaciones como en el caso de la industria, ya que se trata simplemente de transferencias de fábricas de un lugar a otro. La producción industrial es siempre material y por tanto siempre anclada en un lugar preciso, formando siempre parte de lo local, aunque sus propietarios puedan residir en otro país.
Los intercambios comerciales no causan ningún tipo de problema en términos de localización pues los bienes intercambiados, en tanto que bienes materiales están siempre localizados.
En el caso del comercio internacional, si los bienes cambian de país, siempre están en alguna parte, en un lugar preciso. Esta consideración puede hacerse extensiva a los procesos internacionalizados de producción fundados en la división del trabajo entre diferentes países, tal y como ocurre, por ejemplo en la industria del automóvil ya que cada componente es producido en un ligar preciso y transita de un lugar a otro hasta alcanzar el proceso final de montaje.
El ámbito de los servicios supone múltiples divisiones que deben analizarse separadamente. Los servicios personales, dirigidos a individuos o grupos, que deben estar presentes para tener acceso, están ellos mismos siempre localizados. Por ejemplo, la vista a un medico, un asesor fiscal o de imagen o un publicista. A pesar de la diversidad de posibilidades, todos ellos, como generadores de servicios están ubicados, (local)izados.
Los flujos financieros, en cuanto tales, escapan a lo local. Son internacionales, virtuales e instantáneos a través de todo el planeta. La (a)localización del capital financiero actúa de tal forma que, en su mayor parte, se sustrae de los reglamentos locales o nacionales, que han sido muy debilitados por los impactos de las políticas neoliberales y funciona más allá de la mayoría de controles gubernamentales. Todo lleva a creer que esta situación se va a mantener dado el retraso y las reticencias que la mayoría de países tienen para la aplicación de nuevas reglamentaciones en relación a las operaciones financieras.
Ha sido esta autonomía la que ha permitido las importantes acumulaciones y centralización de capital desde los 80’s y que han supuesto las practicas especulativas recientes que ahora sufrimos. Si bien las crisis financieras de Japón de los 90’s y de los EEUU desde 2007 han estado generadas por factores por factores internos de esos países,, y no por los flujos financieros internacionales, son estos flujos los que están en el origen de una gran parte de los sobre-beneficios, que utilizados internamente, han sido derivados hacia las prácticas especulativas.
Existe entonces un vínculo entre el progreso virtual del mercado financiero y estas crisis financieras, a pesar que ese vínculo no es del todo directo. Ha sido la necesidad de encontrar salidas rentables, en sustitución de las inversiones productivas, lo que ha empujado a las instituciones financieras a lanzarse a las prácticas especulativas, vinculadas principalmente al inmobiliario, a pesar de que la bolsa ha sido también un lugar donde este tipo de practicas ha proliferado.
Aquello que esta deslocalizado, más concretamente alocalizado, tal y como ocurre con los flujos financieros actuales, se sale del mundo concreto, escapa a la escala humana, y quizás, tal y como nos lo muestran las crisis actuales, también escapa del control de los humanos y de la ética.
En el caso de las transacciones mediante ordenador, que no se realizan ya por la decisión inmediata de un ser humano, sino por programas informáticos creados para ese fin y que son, por ejemplo, los que desencadenaron una la crisis en la bolsa de Nueva York en 1991, se trata de una perdida de control evidente; pero a pesar de introducir los mejores programas para minimizar estas ventas descontroladas ejecutadas por los ordenadores, parece claro que el mercado financiero se encuentra fuera de control, al menos en parte.
Se trata de una extensión lógica del capitalismo, en la que el motor es la acumulación sin fin, una búsqueda irracional, tal y como nos lo decían Marx en El Capital, Weber en Economia y Sociedad y Wallerstein en El Capitalismo Histórico; irracional porque se aleja de las necesidades humanas, y donde esas mismas necesidades llegan a ser reducidas a más posibilidades de acumulación, transformándose en demanda efectiva.
Los movimientos de capital financiero alocalizado, intentan negar su vínculo con las actividades productivas. Pero esta “negación” de la base productiva va más allá, al romper con el medio de nuestra sobrevivencia.
Si bien el capitalismo financiero no es más que una extensión del capitalismo como sistema, es una extensión que empuja aun más lejos el rechazo de nuestra dependencia del medio natural para nuestra subsistencia.
De la misma forma que la tierra y la biosfera acaban imponiéndonos sus propios límites, el substrato que forma la economía dicha real, así como la tierra en su conjunto, también acaba por poner sus límites a la acumulación ilimitada y autónoma del capital financiero. Volvemos por tanto a la base, a la infraestructura de Marx, pero también a la tierra, al medio natural, como condición de nuestra sobrevivencia.
Por el momento, si nos limitamos al panorama económico actual, y si no se imponen nuevas reglamentaciones, a medio plazo no podemos esperar más que nuevas crisis, localizadas o generales, en el sistema financiero. Pero a más largo plazo, si no se modifica la visión y la practica actual del capitalismo, lo que nos arriesgamos a que se produzca es una crisis de sobrevivencia de los humanos.
Conclusión
La autonomización de los flujos financieros, acelerada por las transacciones por Internet, ha aumentado de manera desigual la desmaterialización y la deslocalización del capital financiero. Simultáneamente, y como resultado de la ruptura entre los deseos humanos y el lugar en el que habitamos, se produce una huida hacia delante basada en el principio de la acumulación a cualquier precio, y en la que la reglamentación deja que desear. En realidad, la acumulación beneficia a unos pocos que concentran la riqueza, y contribuye a desposeer a una buena parte de la población en Occidente, pero sobre todo en los países más pobres.
Resultado de todo ello es un empobrecimiento de una parte de la población mundial, mientras que una pequeña minoria de menos de un 0.01% de la población total continúa enriqueciéndose.
Muchas de las actividades dichas productivas financiadas por esta acumulación de capital destruyen el medio ambiente, como es el caso de las minas o la pesca.
Esta destrucción del medio deriva directamente de la forma como el capitalismo y la civilización industrial utilizan el medio natural, y donde la deslocalización de los flujos financieros es uno de los aspectos más claros.
Estos procesos, cuyo objetivo es la acumulación sin límites, suponen la desresponsabilización cara a la humanidad y el medio. A largo plazo, si no se toman medidas concretas rápidamente, lo que esta en juego es la sobrevivencia de la humanidad y del planeta.
La paradoja está en que los esfuerzos para definir nuevas reglamentaciones en relación al funcionamiento del mercado financiero, quizás ya serán vanas en caso que se produzca la recuperación económica. El riesgo reside en el retorno a la situación de especulación anterior a 2007, ya que en las antiguas estructuras, la acumulación estaba en sus máximos. Sin el cuestionamiento de la acumulación sin fin, las soluciones no podrán ser más que temporales y limitadas.


El 7 de junio se cumplió un año de la derrota electoral de la izquierda europea. Desde entonces, ha sido extraña la semana en la que no se ha organizado un seminario o hemos leído un análisis sobre la supuesta crisis de la izquierda. De repente, la combinación de una derrota electoral con una crisis económica global está llevando a mucha gente al pesimismo. Pero lo cierto es que, si nos alejamos de la coyuntura y realizamos un análisis con cierta perspectiva, no estamos tan mal.En Rosarno (Italia), con la fuerza bruta, y en Vic (España), negándoles el empadronamiento y por tanto la identidad civil (educación, salud y cobertura de las necesidades básicas), Europa se libra de los extranjeros no deseados.
Queríamos un joven, soltero, centroafricano, musulmán no practicante, para la agricultura de primor española o italiana; una mujer de mediana edad, con cargas familiares en origen, de tez clara, y católica practicante para el servicio doméstico; peones, sin familia, que vivan en las obras donde trabajan, y dispuestos a la movilidad continua de tajo en tajo, para la construcción; mujeres y hombres sin horario laboral para la hostelería, la limpieza industrial y el comercio; conductores incansables para el transporte y la distribución de mercancías; mujeres jóvenes y con formación sanitaria para las residencias de tercera edad..., todos ellos dispuestos a cobrar un 40% menos que la media, porque se reconocen menos productivos, que accedan sin condiciones previas a su puesto de trabajo, y que, en la medida en que puedan, se hagan invisibles en lo cotidiano... pero llegaron personas.
El contrato de extranjería es la punta del iceberg del contrato social con el que pretendemos rearmar la democracia europea, el más burdo, el más explícito, el más hiriente, pone de manifiesto la estructura de dominación en que se fundamenta la UE y cuestiona la legitimidad del sistema político que se pretende establecer.
Al negar la capacidad de decisión y actuación a los inmigrantes (extranjeros que vienen a trabajar) nos la están negando a todos los trabajadores.
No es sólo racismo, se trata de la economía, de la distribución de rentas en ambas orillas de la migración.
Los simbolos actuan, o pueden actuar, como instrumentos de información, comunicación, conocimiento, control o expresión acerca de cosas o acontecimientos que se nos hacen accesibles de forma mucho más sencilla mediante el resurso al simbolismo. Por lo que hace referencia a nuestra más reciente historia contemporánea dos son los simbolos dominante o "densos" que actuan como referentes de los cambios máximos que nos han llevado hasta nuestra situación actual. El primero es la caida del muro de Berlin en 1989 y el segundo el ataque de las torres gemelas de Nueva York en 2001. Ambos hechos tienen ya para nosotros una dimensión simbólica fuera de toda duda, y que entre otras cosas, nos sirven para informarnos, explicarnos, comunicarnos como es el mundo tal y como hoy lo conocemos.
Tomando ideas de Josep Ramoneda en su articulo “La izquierda atrapada” hago este resumen de algo que por su suma importancia, me parece que estamos olvidando con demasiada tranquilidad. La pregunta inicial puede ser esta: ¿porque la izquierda esta siendo incapaz de capitalizar una de las mayores crisis del capitalismo?.
Michela Marzano, investigadora del CNRS interesada por el fenómeno creciente de los libros de autoayuda ha pasado por Barcelona. Algunos periodistas la han entrevistado o han escrito sobre el tema. De mis lecturas ha tomado estas notas:
A través de gente joven del entorno de mis hijos me sorprendió ver el interés que tenian por una explicación de la crisis hecha por un autor que yo no conocia. Me decian que explicaba las cosas dificiles de una forma comprensible y eso, por si solo, ya acaparó mi antención. Cuando entré en la página Web de ese autor debo confesar que no me gustó la primera impresión por la aparente frivolidad con la que, desde mi punto de vista equivocado, creia que traba algo tan "serio" como la crisis actual. Sin embargo cuando ví que al hablar de la Crisis financiera NINJA no estaba haciendo referencia a esos personajes tortuguiles del comic sino que hacía referencia a (No Incom, No Job, no Assets) mi posición cambió y por eso ahora me atrevo a recomendar este texto muy sujerente y clarificador. El titulo del documento es La Crisis Ninja y el autor Leopoldo Abadia.
Nicolas Ridoux ha escrito este articulo en El Pais de hoy. Por el interés que tiene en mostrar que aun existen alternativas al modelo de vida actual, considero oportuno reproducirlo textualmente.