Blog de Juan-Luis Alegret

Blog de Juan-Luis Alegret para compartir lecturas, ideas y sensaciones sobre el estado del mundo y de sus gentes pues no solo hay que saber vivir, sino que también hay que saber donde vives

14 may. 2009

Los charlatanes de la autoayuda

Michela Marzano, investigadora del CNRS interesada por el fenómeno creciente de los libros de autoayuda ha pasado por Barcelona. Algunos periodistas la han entrevistado o han escrito sobre el tema. De mis lecturas ha tomado estas notas:


¿Son inocuos los libros de management personal, autoayuda, coaching...?

"la autoayuda se sirve de la ilusión de libertad individual para perpetuar la explotación de unas personas por otras".

La autoayuda no es sólo una moda editorial: es una actitud ante la sociedad, ante la vida. Una mentalidad cada vez más extendida, mezcla de optimismo facilón, individualismo ingenuo, psicología de andar por casa y superficialidad a granel.

Actúa como máquina trituradora capaz de meter en un mismo saco a Buda, Sócrates, Lacan, los Evangelios, y por otro lado sacarlos convertidos en salchichas, en píldoras color de rosa, intercambiables, indoloras, insípidas, inofensivas.

La autoayuda arranca de raíz la crítica social: "tu mala suerte es culpa tuya, porque el sistema es perfecto";

La ideología de la autoayuda sustituye:
- el pensamiento por eslóganes,
- la vivencia por fórmulas estándar,
- la literatura por sociología de tres al cuarto,
- los sistemas filosóficos por su caricatura inocua: el hedonismo se convierte en ir de compras, el ateísmo en "deja de preocuparte y disfruta de la vida" eslogan muy extendido entre la gente joven: carpe diem, quam minimum credula postero (toma el dia y no pienses mucho en el futuro)

¿Eso hemos hecho con la herencia de Grecia y Roma, de la Ilustración, de la epopeya americana?... Qué poco respeto van a tenernos, con razón, los siglos venideros.

Las crisis ponen en evidencia que si quieres no siempre puedes, porque, por mucho que quieras, no lograrás nada si antes no desvelamos que las reglas del juego de la economía son tramposas, producen desigualdad y nos penalizan a la mayoría.

"Es perverso hacerte creer que todo lo que te sale mal es culpa tuya y debes mejorarlo y que, en cambio, las reglas del juego establecido por una minoría en su provecho no necesitan ninguna mejora"

La ideología que los alimenta no es divertida: lleva a pensar, por ejemplo, que si hoy estás en el paro, es porque no deseaste el éxito lo suficiente ni te esforzaste. No sólo eres un perdedor y un fracasado sino que encima es culpa tuya y eso exculpa, de paso, a todos los demás responsables de tu paro.

"Si eres un perdedor es porque también eres un vago que no se ha molestado en automejorarse".

Antes el sistema era paternalista: había un amo del que emanaban en cada momento todas las
órdenes que todos cumplían y si las cosas iban mal, también se preocupaba y ocupaba de los suyos... Pero a partir de los 90s el capitalismo, para seguir creciendo, necesita nuevos empleados emprendedores, ya que las tecnologías de la información han dejado anticuada la estructura patriarcal. Ahora cada empleado debe ser capaz de tomar sus decisiones por la empresa y asumir sus consecuencias.

"En la era digital las empresas, para ser productivas, deben tener apariencia - sólo es una apariencia-horizontal: los amos y sus capataces ponen objetivos y los empleados los cumplen por los medios que quieran"

"La dirección por objetivos es la ilusión de la autonomía personal cuando, en realidad, sus objetivos a menudo o son incumplibles o sólo se pueden cumplir si renuncias a todo lo que no sea trabajar. Los amos te dan toda la libertad para renunciar de la manera que quieras a tu propia libertad. Por lo menos, cuando imponían un horario, tu tiempo libre era tuyo"

"Si el trabajo produce satisfacción, esa es la trampa - envuelta en toda esa palabrería de autoayuda -de la felicidad por el trabajo-. Sostiene que el trabajo es el único camino de la realización personal hacia la felicidad. De esta forma sólo puedes ser feliz haciendo ricos a los amos. Y ya no te queda ser el pobre e inocente desgraciado, de antaño, ahora si no eres feliz, encima eres un indolente culpable de tu
desgracia.

Antaño trabajar fue maldición bíblica. Era el peaje del sustento. En la sociedad patriarcal era el fatigoso pero inevitable modo de mantener a la familia: hoy la economía necesita más implicación personal: exige ejecutivos autoconvencidos que renuncian a la familia y amigos para invertir
todas sus horas en la empresa, lo que les convierte - creen los muy alienados- en superhombres y supermujeres felices y admirados.

Pero hay otra paradoja: se te hace creer que todo depende sólo de ti, pero, a la hora de la verdad, todo depende de los resultados de tu empresa que a su vez pueden tambalearse, como ahora, por una crisis financiera que comenzó a miles de kilómetros por culpa de quienes sí que deciden y ponen las reglas.

El crecimiento tiene límites, pero el éxito ilimitado que promete la filosofía de la autoayuda necesita de la ilusión de que eres tú solo quien pone los límites, como si el planeta no los tuviera. Cuando tú puedes permitirte tres coches y dos piscinas, pero el planeta y su atmósfera, no.

Esa lógica de la autoayuda propicia, en crisis, enormes cantidades de sentimiento de culpa, que a su vez se transforma en depresiones. En Argentina y Francia, el psicoanálisis es una religión y de su sacramento, los antidepresivos, los argentinos y los franceses son los mayores consumidores del mundo. Precisamente porque son países con egos enormes educados en la fe ilimitada en la propia capacidad de control de uno mismo y de su destino, al que se considera mero resultado de las decisiones tomadas a lo largo de la vida. Las terapias breves, la PNL (Programación Neurolinguistica) y otras técnicas alimentan esa ficción de control ilimitado, que no es más que la ilusión infantil de omnipotencia.

Llámele suerte, destino, imponderables, lo que quiera, pero se trata de la madura aceptación de que una parte de lo que nos sucede - por ejemplo, esta crisis financiera- no depende exclusivamente de nosotros.

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