Blog de Juan-Luis Alegret

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28 nov. 2010

El desafío regional de Yemen

Mariano Aguirre
La Vanguardia 28-11-2010


Yemen se ha situado en la primera línea de preocupación de Estados Unidos, Europa y los países del golfo Pérsico. La alarma se ha intensificado debido al fallido atentado de un ciudadano nigeriano adiestrado en Yemen en un avión que se dirigía de Holanda a Estados Unidos en diciembre del 2009 y a los recientes descubrimientos de bombas en paquetes comerciales provenientes de este país.
Su frontera con Arabia Saudí y la conexión con Somalia le convierten en un centro estratégico. El país - 24 millones de habitantes con el 70% de población rural-está asediado por graves problemas, desde movimientos secesionistas, agotamiento del petróleo y el agua, hasta una estructura estatal débil y la presencia de una rama de Al Qaeda. Para los países del Golfo es un problema de seguridad y gobernabilidad regional, además de un ejemplo de la inestabilidad que puede emerger cuando el petróleo se acaba.
Yemen fue una región autónoma dentro del imperio otomano, posteriormente colonizada por Gran Bretaña desde 1830. Arabia Saudí, Egipto y Gran Bretaña tuvieron una fuerte influencia durante la transición a la independencia en el siglo XX. El Estado, débil y corrupto, no provee los servicios básicos de educación, salud, agua y electricidad a gran parte de la población, y funciona por negociaciones entre el poder central del presidente Ali Abdulah Saleh, que ocupa el cargo desde 1978, y los líderes tribales.
Este sistema debilita al Estado y agrava la fragmentación de la sociedad en múltiples identidades ya que las tribus no son entidades monolíticas. A la vez, Arabia Saudí canaliza fondos a líderes tribales, lo que desequilibra el poder del Estado central. El deterioro de la economía debido al creciente agotamiento de los recursos petrolíferos favorece la desintegración. El país vive del sector servicios, especialmente un abultado presupuesto de defensa, el contrabando y las licencias de importación.
El presidente Saleh enfrenta una rebelión armada en la provincia norteña de Saada, a un movimiento secesionista en el sur que trata de revertir la unificación del país que se produjo en 1990, y a la rama local de Al Qaeda en la península Arábiga.
Por otro lado, la violenta desintegración de Somalia ha creado flujos de personas y armas a través del golfo de Adén, una vía estratégica para la exportación de petróleo desde la zona del golfo Pérsico. Los actos de piratería que se cometen desde la costa somalí y el grupo insurgente Al Shabab del mismo país contarían con infraestructura en Yemen.

La inestabilidad yemení es peligrosa para Arabia Saudí. La frontera entre ambos, que se extiende casi 2.000 kilómetros, es difícil de controlar. Al Qaeda en la península Arábiga, según las investigaciones de Kristian Coates Ulrichsen (London School of Economics) y Barak Barfi (New America Foundation), tiene una rama local que nació en los años noventa. Sus miembros, que mantienen conexiones con grupos insurgentes en Afganistán y Pakistán, actúan en zonas tribales donde el Gobierno yemení no tiene presencia. Los principales objetivos de la organización son el turismo, las instalaciones de petróleo y los miembros del aparato de seguridad del Estado.

En la zona sur, el movimiento Al Harak denuncia la expoliación de sus recursos por parte del norte. Las provincias de Adén, Lahij, Abyan, Shabuah, Hadramaut y Mahrah constituyeron la República Democrática y Popular de Yemen entre 1967 y 1990. Ese año se unificaron con el norte tras descubrirse petróleo en la zona fronteriza entre ambas partes.

Al Harak, que rechaza toda vinculación con Al Qaeda, está mayoritariamente a favor de la secesión y la independencia, aunque una parte de la población prefiere una solución federalista al tiempo que denuncian al Gobierno de Ali Abdulah Saleh por imponer costumbres y normas conservadoras en una sociedad que se considera más moderna que el resto del país. El sur fue un protectorado británico, lo que le dio un carácter más internacional que el norte, aislado, montañoso y religiosamente más conservador.

En el norte, el Gobierno enfrenta una rebelión de los Houthi pertenecientes a la minoría de la secta chií de los Zaidi, que ha causado miles de muertos y 250.000 desplazados. Desde febrero de este año rige una tregua entre el Gobierno y este grupo, que exige al Ejecutivo atención económica al tiempo que critica su alianza con Washington.

Ante el peligro de una expansión de Al Qaeda, Estados Unidos podría apostar por responder con la fuerza: más ayuda militar al Gobierno, ataques con aviones no tripulados y una eventual intervención. Pero esta implicación de Washington alentaría el nacionalismo yemení y abriría espacios políticos para respuestas radicales en diferentes sectores. Es crucial, en cambio, que los estados del Consejo de Cooperación del Golfo - Arabia Saudí, Kuwait, Bahréin, Omán, Qatar y los Emiratos ÁrabesUnidos- asuman, coordinándose con Europa y Estados Unidos, la crisis de Yemen con medidas de desarrollo y cooperación política.

M. AGUIRRE, director del Norwegian Peacebuilding Centre, en Oslo

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