Blog de Juan-Luis Alegret

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28 ago 2025

Mira Murati, la mujer que creó ChatGPT

Pocas figuras han ascendido tan rápido en Silicon Valley como Mira Murati. Conocida como “la mujer detrás de ChatGPT”, fue Directora de Tecnología de OpenAI, además de la fuerza motriz que puso en manos del público la herramienta de IA más disruptiva de nuestro tiempo. En la cima de su influencia, hizo lo impensable: dejó la compañía que ayudó a convertir en un gigante global para embarcarse en un nuevo proyecto. Su misión, tan ambiciosa como la anterior, es resolver uno de los problemas más profundos de la IA: su naturaleza de caja negra y los riesgos que ello conlleva. Murati no solo quiere construir la próxima generación de IA; quiere que la entendamos y la controlemos de verdad. Ahora sí. Nacida en Vlorë, Albania, en 1988, en un entorno post-comunista con recursos limitados, su prodigioso talento para las matemáticas la catapultó a una beca en Canadá con 16 años. Se formó como ingeniera mecánica en la prestigiosa Dartmouth College, en Estados Unidos, donde ya demostraba su capacidad para unir teoría y práctica construyendo un coche de carreras híbrido. Su carrera arrancó en la industria aeroespacial, pero fue en Tesla, a partir de 2013, donde su destino cambió. Al trabajar en el desarrollo del Model X y, sobre todo, en el sistema de piloto automático, Murati encontró su revelación: “Mi trabajo en Tesla me expuso a la IA”, confesaría después. Esa experiencia la convenció de que la Inteligencia Artificial General (AGI) sería “la última y más importante tecnología que construyamos”. Tras un paso por la startup de realidad virtual Leap Motion, aterrizó en OpenAI en 2018, atraída por la promesa de desarrollar esa AGI de forma segura. Mira Murati, CEO de Thinking Machines Lab y ex CTO de OpenAI La visión de Murati sobre la tecnología conlleva una cierta dualidad. Por un lado, es una optimista radical que ve en la IA el poder de “elevar y ampliar la inteligencia colectiva de la humanidad”. Por otro, es una pragmática consciente de sus peligros. Su advertencia más célebre resuena con escalofriante gravedad: al hablar de los riesgos de una IA fuera de control, no dudó en afirmar que “el caso más cercano es, por supuesto, el de las armas nucleares”. Semejante tensión define su pensamiento. Para Murati, el desafío no es solo técnico, sino filosófico. Así lo resume ella: “¿Cómo se consigue que el modelo haga lo que uno quiere y se asegure de que esté alineado con la intención humana y, en última instancia, al servicio de la humanidad?”. Por supuesto, la respuesta a esta pregunta no está en los laboratorios, sino en la sociedad. Por eso ha insistido en que el debate debe ser público e inclusivo, involucrando a reguladores y gobiernos, porque “somos un grupo pequeño de personas y necesitamos muchos más aportes”. Esta filosofía es la piedra angular de su nueva empresa, Thinking Machines Lab, fundada en 2025. ¿Su propósito? Murati identifica una “brecha importante” entre las capacidades de los modelos actuales y nuestra precaria comprensión científica de cómo funcionan. Su objetivo es cerrar esa brecha. Thinking Machines Lab, constituida como corporación de beneficio público, busca crear sistemas de IA más transparentes, personalizables y, sobre todo, comprensibles. La ambición es construir modelos que colaboren con científicos y programadores para lograr avances sin precedentes, pero siempre desde una base de seguridad y ética. El poder de convocatoria de Murati quedó patente al reclutar a talentos de primer nivel como John Schulman, cofundador de OpenAI, demostrando que su visión resuena con fuerza entre los propios arquitectos de esta tecnología. Murati no solo quiere construir la próxima generación de IA; quiere que la entendamos y la controlemos de verdad Por supuesto, una figura de su calibre no ha estado exenta de polémicas. Su carrera ha estado marcada por un intenso escrutinio público, y algunos de sus comentarios han generado controversia. El más notorio fue cuando sugirió en una entrevista que algunos trabajos creativos que la IA podría eliminar “quizá nunca debieron existir”, declaración que provocó la ira de la comunidad artística y fue calificada de “desliz de relaciones públicas”. Otra vez, su respuesta evasiva —“no estoy segura”— cuando se le preguntó si el modelo de vídeo Sora se entrenó con vídeos de YouTube, alimentó las críticas sobre la falta de transparencia de OpenAI. Murati ha afrontado estas tormentas defendiendo la necesidad de un debate abierto, aunque a veces incómodo, sobre el impacto de la IA. Su salida de OpenAI, tras la caótica destitución y regreso de Sam Altman, también estuvo rodeada de especulaciones, pero ella la enmarcó en la necesidad de “crear tiempo y espacio para hacer mi propia exploración”. Un movimiento que ahora cobra todo el sentido. Mira Murati representa una nueva clase de líder tecnológico. No es la clásica figura del programador convertido en CEO, sino una ingeniera con una profunda conciencia de las implicaciones éticas y sociales de su trabajo. Su trayectoria, desde la construcción de ChatGPT hasta la fundación de Thinking Machines Lab, es la crónica de una búsqueda personal y profesional para reconciliar la innovación sin límites con la responsabilidad ineludible. Su nuevo proyecto no es solo una empresa; es una tesis sobre cómo debería ser la próxima era de la inteligencia artificial: más potente, sí, pero también más sabia, segura y, en última instancia, más humana. Antonio J. es escritor y cofundador y director editorial de www.rrefugio.com, agencia especializada en contenido, ecommerce, estrategia digital y branding L.V. Antonio J. Rodríguez • 24 de juliol de 2025

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