Vanguardia Dossier 17/07/2025
Jonathan Taplin
La historia de dos sudafricanos, Elon Musk y Peter Thiel, es en realidad la de dos figuras clave del libertarismo
Me gustaría empezar con algunos antecedentes sobre Peter Thiel porque, aunque no es tan rico como Musk según Bloomberg, (tiene un patrimonio neto de solo 7.200 millones de dólares), ha logrado en los últimos cuatro años que Musk se alinee con su política ultralibertaria de extrema derecha. A diferencia de Musk, que se habría calificado a sí mismo de progresista durante la campaña de Obama del 2008, Thiel ha sido un incondicional de la extrema derecha desde los 16 años.
En el 2015, Thiel dijo: “Una de las cosas que me gustan de la tecnología es que, cuando no está regulada, puedes cambiar el mundo sin tener que obtener la aprobación de otras personas. En su mejor versión, no está sujeta al control democrático ni a la mayoría, que creo que a menudo es hostil al cambio”. En esencia, Peter Thiel no cree en la democracia, de la que ha dicho que es “incompatible con el capitalismo”. Tampoco le gusta la competencia. “Es para imbéciles”, afirmó a The Wall Street Journal. “Si quieres crear y retener valor duradero, intenta construir un monopolio”.1 Lo que tanto Thiel como Musk aprendieron al principio de sus carreras es que, si lograban crear un aura en torno a la magia de las grandes tecnológicas, podían mantener a los reguladores gubernamentales fuera de su negocio y tener éxito en el perfeccionamiento de sus monopolios.
Thiel, formado en el apartheidPeter Thiel nació en Alemania en 1967; cuando tenía 1 año, su padre Klaus, ingeniero químico, se mudó con la familia a Cleveland (Ohio). Antes de que Peter cumpliera 9 años, la familia se mudó a la ciudad de Swakopmund, en África del Sudoeste (hoy Namibia), donde Klaus fue contratado en la que ha sido la mayor explotacion minera de uranio en una generación. En aquel momento, África del Sudoeste formaba parte de la gran Sudáfrica, que estaba bajo un régimen de apartheid. Un informe del Comité de Apoyo a Namibia declaró más tarde que los trabajadores “morían como moscas” en 1976 durante la construcción de la mina intoxicados por radiación.
Durante la mayor parte de su historia, Swakopmund había estado ocupado por inmigrantes alemanes. Peter fue enviado a una escuela alemana muy estricta, donde los alumnos iban con uniforme y recibían castigos corporales. Más tarde, contaría a sus amigos que fue el comienzo de la búsqueda de una filosofía ultralibertaria de la vida. Pese a su experiencia escolar, Sudáfrica le encantó. Años más tarde, en la universidad, no dudó en defender el apartheid. Como dice su biógrafo Max Chafkin: “Una estudiante afroamericana, Julie Lythcott-Haims, se encaró con Thiel por su postura en favor del apartheid... Thiel la miró con cara de extrañeza y, según refirió la propia Lythcott-Haims, respondió que la negación sistemática de los derechos civiles a los negros por parte sudafricana era una actitud económicamente razonable. Cualquier cuestión moral resultaba irrelevante”.2
De regreso a EE.UU. en 1977, la familia se instaló en Foster City, una ciudad de clase media baja en la bahía de San Francisco. Aquellos años fueron una fuente de sufrimiento para Peter. No practicaba deportes y era objeto constante de acoso por parte de otros niños, que se burlaban de él por su comportamiento ligeramente afeminado. Halló en el ajedrez una actividad que podía dominar y pasó horas perfeccionando su juego. Acabó fundando un club de ajedrez en la escuela y logró hacer algunos amigos. Se graduó en el instituto con matrícula de honor en matemáticas, sacó sobresaliente en los exámenes de acceso a la universidad y fue el mejor de la clase. Ingresó en la Universidad Stanford en plena época de Reagan, tras haber leído toda la obra de Ayn Rand.
Stanford era un oasis de pensamiento conservador donde el discurso académico era dominado por el Instituto Hoover. El libro que acabó por dar forma al pensamiento político de Thiel fue The sovereign individual, de James Dale Davidson y William Rees-Mogg.3 La obra describe el colapso del Estado nación como una posibilidad apasionante para las élites, que se librarían así de la regulación y serían capaces de comportarse “en unos términos semejantes a la relación mantenida por los dioses de la mitología griega”. Las milicias privadas protegerían a los oligarcas, mientras el resto de la humanidad se vería abocada a la miseria y la violencia indiscriminada.
El empollón Musk
Elon Musk creció en Sudáfrica y, al igual que Peter Thiel, fue un niño introvertido y torpe, víctima a menudo de acoso escolar. Una vez tuvo que ir al hospital después de que un grupo de compañeros de clase lo lanzara escaleras abajo. Su madre dijo: “Creo que Elon siempre fue un poco diferente, pero con un estilo de empollón. Eso no le hacía caer bien a sus compañeros”.
Elon Musk se envuelve en una cortina de humo. Buscó refugio en los libros. Y, a diferencia de Thiel, nunca intentó defender el régimen sudafricano. De hecho, huyó del país a los 17 años, en 1988, en pleno apogeo de la lucha contra el apartheid, para evitar ser reclutado por las fuerzas de seguridad, que reprimían violentamente los esfuerzos de la población negra por acabar con la discriminación. Llegó a Toronto (su madre era canadiense) con la esperanza de vivir en casa de un familiar, pero resultó que este se había mudado a Minnesota. Musk vagó por Canadá, haciendo trabajos ocasionales, y logró ser admitido en la Universidad de Queens en Ontario. Dos años después, se trasladó a la Universidad de Pensilvania y se graduó en 1995 con una licenciatura en Física y otra en Economía. Fue aceptado en el programa de doctorado en ciencias de los materiales de Stanford, pero lo dejó en la primera semana para crear una empresa de internet con su hermano.
La compañía, Zip2 era una guía urbana de internet para el sector editorial de la prensa, con mapas, direcciones y páginas amarillas. En un año, Zip2 había llegado a acuerdos con The New York Times y el Chicago Tribune. Uno de los ejecutivos del mundo del periodismo con los que negoció Musk recordaba: “Dormía debajo del escritorio y no olía muy bien. No tenía ningún interés especial en los periódicos. Me dijo que se dedicaba a eso para ganar dinero y luego hacer lo que realmente quería hacer, que era diseñar naves espaciales”. En una decisión que presagiaba posteriores elecciones profesionales, Musk convenció a su junta directiva de que rechazara una oferta de City Search, el sitio web que dominaba entonces la categoría que Zip2 pretendía revolucionar.
Tres años después, y solo diez meses antes de la caída de las puntocom de principios de la década del 2000, Musk y su hermano vendieron Zip2 a Compaq por 307 millones de dólares en efectivo. Elon se llevó 22 millones de dólares. Hasta entonces, había dormido en el sofá de la oficina y se duchaba en la YMCA local, es decir en la Asociación Cristiana de Jóvenes Varones. Cuenta que cuando él y su hermano no se ponían de acuerdo en una decisión empresarial, hacían un combate de lucha libre en medio de la oficina para decidir qué se hacía.
Confluencia Thiel-Musk
Con el dinero de la venta de Zip2, Elon se lanzó al mundo de la banca en línea y formó X.com. Musk y Thiel empezaron como rivales por el mismo espacio de pagos en línea. X.com, de Musk, contaba con el respaldo de Sequoia Capital, una de las principales compañías de capital riesgo de Silicon Valley. La joven empresa de Thiel se llamaba PayPal y se centraba en el envío electrónico de dinero entre Palm Pilots, los primeros ordenadores de mano. Musk y Thiel, que trabajaban literalmente uno frente al otro en Palo Alto, se dieron cuenta de que la fusión era la única vía racional hacia la rentabilidad. La caída de las puntocom a principios de la década del 2000 aumentó la necesidad de fusionarse. Sin embargo, Musk tenía la sartén por el mango: la empresa de Thiel casi no tenía dinero; X.com, en cambio, contaba con liquidez y el respaldo de Sequoia. En la fusión, Musk terminó con la participación mayoritaria y el puesto de director ejecutivo. Ahora bien, Musk era un gerente un tanto temerario. La empresa, que ya se llamaba X PayPal, crecía muy deprisa, en parte debido a los incentivos para unirse a ella, pero también porque cualquiera podía obtener una cuenta. En un banco normal, no puedo abrir una cuenta a nombre de Tom Brady si no demuestro de algún modo que soy Tom Brady. En X PayPal, eso no era un obstáculo. En cuestión de meses, las cifras de fraude se dispararon. El ideal libertario original de Peter Thiel para PayPal era que pudiera proporcionar a cualquiera cuentas bancarias anónimas tipo suizo, todo ello fuera de la supervisión del Gran Gobierno. La realidad era que quienes necesitaban anonimato eran los defraudadores fiscales, los blanqueadores de dinero, los traficantes de armas y los delincuentes internacionales. Los estafadores de poca monta también fueron grandes usuarios desde el principio; sobre todo, después de que eBay se convirtiera en un enorme mercado para PayPal. Los usuarios compraban algo en una subasta, enviaban el dinero a través de PayPal y luego los productos nunca aparecían.
Peor aún, la idea básica que Thiel había vendido a los inversores (que la gente dejaría su dinero en PayPal, que luego podría ganar intereses sobre el capital flotante) nunca se materializó. En un momento dado, cuando estaban al borde de la bancarrota, Musk llevó a Thiel a una reunión en Sequoia en su flamante deportivo McLaren de 150.000 dólares. Al querer presumir de la impresionante aceleración del vehículo, Musk chocó contra un terraplén medio kilómetro antes de llegar a Sequoia. Al salir del coche destrozado, Musk se volvió hacia Thiel y le dijo: “Mira, había leído todas esas historias sobre gente que ganaba dinero, compraba coches deportivos y luego se estrellaba con ellos. Estaba tan convencido de que eso nunca me iba a pasar que no contraté ningún seguro”.4 Thiel empezó a sospechar que Musk estaba fuera de control.
En 1999 Thiel sostenía que PayPal daría a los ciudadanos un control sobre sus monedas como el que nunca habían tenido. Se acabaría el ‘robo’ por parte de los gobiernos corruptos
Por entonces, Musk empezó a hacer valer su poder y propuso que se cambiara el nombre de PayPal por el de X.Com. Muchos miembros del personal respondieron que el nombre sonaba a sitio porno; además, a los usuarios de eBay, que constituían ya una gran parte de la base de usuarios, les encantaba el nombre de PayPal. Musk, que no se dio cuenta de que se fraguaba una rebelión, se marchó en ese momento de luna de miel a Australia con su nueva esposa. A las pocas horas de su partida, la mayoría del personal entregó a la junta de administración y a Thiel una carta anunciando su partida si Musk no era reemplazado por Thiel como director ejecutivo. Thiel se reunió con Sequoia y aceptó convertirse en director ejecutivo. Los leales a Musk se pusieron en contacto con él en Sidney, e inmediatamente voló de regreso a San Francisco, diciendo: “Toda esta actividad es abyecta”. Pero ya era demasiado tarde. La junta se puso del lado de Thiel, y a Musk le mostraron la puerta de salida.
Confrontación y venta de PayPal
Thiel se dispuso de inmediato a reescribir la historia de la fundación de PayPal, basándola en su propia filosofía ultralibertaria. En 1999, pronunció un discurso en el que dijo: “PayPal dará a los ciudadanos de todo el mundo un control sobre sus monedas más directo que el que han tenido nunca. Será casi imposible que los gobiernos corruptos roben la riqueza de la población con los métodos de siempre porque, si lo intentan, la gente cambiará a dólares, libras o yenes y se deshará de la moneda local sin valor en favor de algo más seguro”. Se trata, por supuesto, del mismo discurso que repite hoy para apoyar el bitcoin. En una conferencia sobre criptomonedas en noviembre del 2021, dijo que el precio de 60.000 dólares del bitcoin demostraba que “la Reserva Federal estaba en crisis”.5
Peor aun por lo que hacía a Musk, Thiel consiguió que Eric Jackson, uno de sus empleados, escribiera un libro llamado The PayPal Wars. El libro de Jackson grabó en piedra la versión de la historia de Thiel en la que Elon era retratado como un director general ególatra empeñado en destruir la compañía. En respuesta, Musk escribió una entrada de 2.000 palabras en el blog Valleywag de la compañía Gawker. En ella, llamaba a Eric Jackson “un idiota servil, un peldaño por encima de un becario”, y luego añadía: “Dado que Eric adora a Peter, el resultado era evidente: Peter suena como Mel Gibson en Braveheart y mi papel está en algún lugar entre lo irrelevante y la mala semilla”.6
Sin embargo, al margen de que Thiel ganara la guerra de las relaciones públicas, una de sus acciones hizo que Musk acabara siendo mucho más rico que él. Introdujo el concepto de blitzscaling (escalada relámpago), que básicamente significaba que PayPal iba a gastar todo su efectivo disponible para hacerse con el mercado de pagos en línea y aplastar a sus competidores. Una vez logrado el dominio, la compañía podría subir los precios; y eso es justo lo que hizo a los vendedores de eBay después de que PayPal sacara del negocio a Billpoint, el procesador de pagos de eBay. Cuando eBay se dio cuenta de la cantidad que PayPal recibía de cada transacción, no tuvo más remedio que comprar PayPal.
La transacción por 1.500 millones de dólares en acciones de eBay se cerró en octubre de 2002. Musk recibió 175 millones de dólares por su participación mayoritaria en PayPal y se trasladó en el acto a Los Ángeles para fundar una compañía de cohetes. Thiel dividió sus 55 millones de dólares entre su fondo de cobertura (Clarium) y un nuevo fondo de riesgo llamado Founders Fund. En una maniobra que sigue maravillando a los asesores fiscales hasta el día de hoy, Thiel logró depositar todos los ingresos de la venta de eBay en una cuenta Roth IRA (de jubilación individual, con impuestos diferidos) y posteriormente realizó la mayoría de sus inversiones (incluida la de Facebook) desde ese vehículo libre de impuestos.
Crecimientos dispares
Tras la venta de PayPal a eBay, Fortune quiso hacer un reportaje sobre “La mafia de PayPal”, puesto que el círculo exclusivamente masculino de nerds alrededor de Thiel empezaba a crear por entonces todo tipo de empresas en Silicon Valley (Yelp y YouTube las más destacadas). Thiel organizó una sesión de fotos en un bar poco iluminado, en la que él hizo el papel de Don Corleone. Musk se negó a participar: “La filosofía de Peter es bastante extraña. No es normal. Es un inconformista desde el punto de vista de la inversión y piensa mucho en la singularidad”.7 Elon ya no formaría parte de un equipo. Era el Llanero Solitario de la tecnología.
Sin embargo, de modo más importante, la salida de Musk de PayPal lo situó en una trayectoria muy diferente a la de Thiel, que era un firme del OPM (Other People’s Money), las inversiones llevadas a cabo con capital ajeno. En el 2002, Musk se embarcó en dos de las empresas más arriesgadas de la historia: la reinvención del coche eléctrico y la redefinición completa del diseño y la fabricación de cohetes. Y lo hizo con su propio dinero. Sin socios que pudieran echarlo, tomó él mismo todas las decisiones empresariales importantes. En su libro sobre gestión que se ha convertido en un superventas, Built to last: Successful habits of visionary companies, Jim Collins y Jerry Porras citan la táctica de fijar un “gran objetivo audaz y peliagudo”, o BHAG (pronunciado “bi-hag”), como forma de impulsar el rendimiento en una organización.8 Del mismo modo que Musk utilizó la idea de “Hombres en Marte” como BHAG para SpaceX, el objetivo de Tesla fue la “Conducción autónoma totalmente automatizada”. En el 2016, Musk anunció que los nuevos propietarios de Tesla podrían descargar el software de conducción autónoma en un plazo de seis meses si pagaban un extra en el momento de la compra. Dicho anuncio supuso una conmoción enorme para su personal de ingeniería, que sabía que el software de conducción autónoma no estaba ni mucho menos listo para ser lanzado.
Elon Musk no lo reconocerá debido a su retórica ultra-libertaria, pero el gobierno de Obama lo salvó de la quiebra en el 2009 con una ayuda a Tesla de 465 millones de dólares
Por supuesto, la descarga del software nunca llegó, pero cada año, como un reloj, Musk anunciaba que estábamos a las puertas de la conducción autónoma. Seguimos a las puertas. Musk anunció a continuación que iba a construir una fábrica de Tesla totalmente automatizada que no necesitaría trabajadores humanos. El fracaso de esa ridícula iniciativa fue convertida en una historia semiheroica por Musk, quien tuiteó que había dormido en la fábrica durante seis meses para dirigir a su equipo. Ahora bien, como escribió Edward Niedermeyer, autor de Ludicrous: The unvarnished story of Tesla Motors, “Lo que omitió en su relato autoglorificador fue la realidad que vivieron los empleados. Su presencia no aportó ningún conocimiento real en el proceso de fabricación, solo la presión autoritaria de un jefe cuya humillación pública estaba salpicada de declaraciones como ‘Podría estar en mi isla privada rodeado de supermodelos desnudas y bebiendo mai tais... y no lo hago’”.
En un momento dado, tras los múltiples fallos en la línea de producción de Tesla y SpaceX, Musk se quedó sin dinero y se planteó tener que decir qué empresa salvar. “Podía elegir entre SpaceX o Tesla o repartir el dinero que me quedaba entre ellas”, recordó Musk. “Era una decisión muy difícil. Si repartía el dinero, puede que ninguna de las dos empresas sobreviviera. Si invertía todo el dinero en una, la probabilidad de que sobreviviera era mayor, pero eso significaría la muerte de la otra. Le di vueltas una y otra vez”.
Al final, el gobierno de EE.UU. salvó a Elon Musk, aunque hoy no lo reconocerá debido a la retórica ultralibertaria que ahora defiende. En junio del 2009, el gobierno de Obama anunció un préstamo de 465 millones de dólares a Tesla. La cantidad formó parte del esfuerzo de Obama por salvar la industria automovilística nacional; aunque, por supuesto, palidece en comparación con los 10.000 millones de dólares prestados a General Motors. Al año siguiente, la NASA y la Fuerza Aérea decidieron reducir su dependencia de los cohetes rusos en la puesta en órbita de satélites y recurrieron a SpaceX; así, Musk logró salvar las dos compañías. Se calcula que SpaceX podría recibir este año del Gobierno hasta 56.400 millones de dólares. Tesla tiene un contrato de 400 millones con el Departamento de Estado para servir “vehículos eléctricos blindados”. Ahora que está definiendo las prioridades del gasto público, Musk ha hallado por fin la fórmula perfecta para mantener su posición como hombre más rico del mundo.
Notas
1. Peter Thiel, “Competition is for losers”, The Wall Street Journal, 21/IX/2014.
2. Max Chafin, The contrarian. Peter Thiel and Silicon Valley’s pursuit of power, Nueva York, Penguin Press, 2021.
3. James Davidson y William Rees-Mogg, The sovereign individual, Nueva York, Simon&Schuster, 1997.
4. Ashlee Vance, Elon Musk: Tesla, SpaceX and the quest for a fantastic future, Nueva York, Ecco Press, 2015.
5. Harry Robertson, “Tech billionaire Peter Thiel says bitcoin’s record-high price shows inflation is at a crisis point”, Business Insider, 1/XI/2021.
6. Ashlee Vance, op. cit.
7. Ibid.
8. Jim Collins y Jerry Porras, Built to last: Successful habits of visionary companies, Nueva York, Harper Business, 1994
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