Blog de Juan-Luis Alegret

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24 nov. 2008

De la posmodernidad a la neomodernidad o que nos apunta el futuro inmediato

Lo que sigue son una notas de lectura del articulo de Fernando Vallespin

La sociedad del futuro inmediato abandonará algunos de los rasgos más conspicuos de la posmodernidad para volver a muchos de los de la anterior fase moderna sin que ello signifique un pleno retorno a ella.
Será una novedosa y curiosa síntesis de presupuestos modernos bajo las condiciones objetivas de una sociedad global y mucho más compleja, una neomodernidad

De la identidad a la economia
El rasgo más marcado del cambio, ya lo estamos viendo, es el renovado protagonismo de la economía.
Frente a la prioridad que daba la posmodernidad a lo cultural, ahora lo económico se presenta como el factor central de la actividad humana.

Las tesis de Huntington, que creía ver en lo identitario-cultural la esencia del conflicto contemporáneo se iran abandonando.

Tanto en la dimensión política global como en la interna, los conflictos en torno a la distribución de los recursos pasarán al centro del interés y se postergarán los identitarios.

La redistribución, la lucha contra la desigualdad, volverá a dominar el debate político después de haber sido durante décadas la gran cuestión olvidada.

Regresarán los clásicos conflictos sociales con raíz de clase y es previsible imaginar una reverdecida presión para alcanzar una mayor equidad fiscal.
Valores como solidaridad, igualdad, autoridad, esfuerzo, responsabilidad, cotizarán al alza

Los clásicos valores densos de nuestra herencia moderna postergarán a los más ligeros -líquidos, en la jerga de Bauman- del "todo vale", la gratificación inmediata, el hiperconsumo, la autorrealización individual

No saldremos de eso que los sociólogos califican como "individualización", pero habrá una tendencia a moderar el individualismo y el privatismo radicalizado en aras de un mayor compromiso con los objetivos sociales generales. Todo ello en nombre del gran valor de la modernidad: el orden.

Lo ambivalente, ambiguo, relativo, esos rasgos esenciales del pluralismo posmoderno, serán mirados con sospecha.

Orden y seguridad, asociados a bien común y solidaridad, tienen garantizada buena prensa en momentos en los que acucia la necesidad y el miedo.


El futuro del Estado

El gran gestor del orden, la seguridad y la estabilidad, pero también de la protección social más general, ha sido siempre el Estado, el héroe de la modernidad clásica. Parece obvio que volverá a gozar de una renovada legitimidad. Un Estado al que seguramente se le exigirá mucho más de lo que está en condiciones de dar. Pero será el gran protagonista de los tiempos venideros.

A la vista del actual agotamiento de los procesos de integración regional y de la afirmación de los nuevos Estados emergentes, la política de la nueva sociedad global se sujetará más a la clásica pauta de la colaboración "inter-nacional" que a la gobernanza "transnacional" propiamente dicha.

Estado garantizará también medidas que calmen la ansiedad ante la inmigración, más fronteras, mayores garantías de los intereses nacionales, menor predisposición a tolerar los mecanismos de autoorganización social.

Vuelta al big government y a las certidumbres locales, a la tentación de reafirmar el egoísmo de país, la razón de Estado, el paternalismo burocratizado. Necesitamos nuevos instrumentos políticos para resolver los acuciantes problemas sociales heredados.


El futuro de las izquierda

Tanto la vuelta a los nuevos / antiguos valores densos como el protagonismo estatal ofrecerán una nueva oportunidad a las políticas de izquierdas.

Habrán recuperado, por decirlo así, las palancas sobre las que se apoyaban para emprender reformas. Es hasta posible que los sindicatos recuperen una parte de su poder y prestigio perdido. Pero huérfanas de un claro sentido de la idea de progreso y en su énfasis por gestionar una política dirigida a evitar los grandes males -desempleo, pensiones, pérdida de competitividad- abandonarán gran parte de su dimensión utópica.

Se tratará de izquierdas administradoras de la nueva escasez, un papel que ya hubieron de asumir en otros tiempos históricos. Sus programas los dictará más la conservación de lo ya alcanzado que lo que queda por conseguir; administrar las pérdidas más que anticipar las ganancias derivadas de emprender un nuevo camino

También el retorno de ciertas derechas
Pero el populismo de derechas también se reforzará, a través de la vuelta al Estado de ley y orden alimentado por un nacionalismo revivido: fronteras, xenofobia, reafirmación de las identidades nacionales.

Fernando Vallespín es catedrático de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid

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