Blog de Juan-Luis Alegret

Blog de Juan-Luis Alegret para compartir lecturas, ideas y sensaciones sobre el estado del mundo y de sus gentes pues no solo hay que saber vivir, sino que también hay que saber donde vives

5 feb 2026

La próxima revolución de la IA son los modelos del mundo (world models)


Los modelos grandes de lenguaje (
large language models, LLM) que subyacen a ChatGPT, Gemini, Copilot y otros han asombrado al mundo durante los últimos tres años, pero ya no tienen mucho margen de mejora. Su evolución ha consistido hasta ahora en tragar cada vez más texto escrito por humanos, y ya casi no queda. ChatGPT se ha tragado la web entera, incluida la historia de la literatura universal y todos los artículos científicos y humanísticos para los que exista una versión electrónica. Por esa vía no se puede avanzar mucho más.


La próxima revolución de la IA son los modelos del mundo (world models). En realidad, no son una idea nueva, sino muy anterior a los LLM, pero hemos estado todos tan deslumbrados por ChatGPT y similares que los ingenieros los habían dejado en hibernación. Es ahora, cuando los LLM empiezan a dar signos de saturación, que los gigantes de Silicon Valley están desempolvando la estrategia. El primero en presentarse al público es Project Genie, de Google, pero de momento solo lo puedes probar en Estados Unidos, y solo si tienes una suscripción Google AI Ultra. Un poco de paciencia. Conviene que nos vayamos familiarizando antes con las ideas.


El concepto de modelo del mundo no viene en realidad de la ingeniería computacional, sino de las ciencias cognitivas. Los humanos tenemos un modelo interior del mundo. Si estamos sentados en la salita, sabemos cómo se va desde ahí hasta la cocina, y qué hay que hacer para salir de casa e ir a comprar el pan o a coger el metro hasta el trabajo. ChatGPT ha leído todo lo que se ha escrito sobre las calles, pero no sabe cruzar una. Nosotros sí, y también sabemos que, si viene un autobús a toda velocidad, nos conviene esperar en la acera hasta que haya pasado, y qué tenemos que hacer si alguien grita “¡cuidado con esa maceta!”. Sabemos que hay un mundo ahí fuera, y tenemos una idea solvente de cómo es y de cómo cambia y de qué lugar ocupamos en él ahora mismo. Sabemos navegarlo.


La inteligencia artificial actual, basada en los LLM, no tiene ese modelo interior del mundo. Y seguramente lo necesita si quiere ir más allá de producir texto o imágenes y pasar a servir para la robótica, los coches autopilotados, la realidad aumentada y, desde luego, para avanzar hacia el santo grial de la IA, que es inteligencia general artificial (IGA, o AGI en sus siglas inglesas, el término todavía no está fijado). La AGI es difícil de definir formalmente, pero se puede describir vagamente como algo parecido a la inteligencia humana, o más parecido a ella que los sistemas actuales.


Un aspecto importante es lo que se conoce en el mundillo como modelos 4D, porque incluyen las tres dimensiones del espacio y una del tiempo (esto te puede sonar como el espaciotiempo de la física relativista, pero no te preocupes, que aquí las cosas son mucho más terrenales). Una pintura o una foto son planas (2D), aunque nuestro cerebro las interpreta automáticamente como escenas tridimensionales (3D) gracias sobre todo a los principios de la perspectiva cónica descubiertos por Filippo Brunelleschi en el Quattrocento. En el cine 3D, el efecto se acentúa presentando a cada ojo un punto de vista ligeramente desplazado, como de hecho perciben la realidad nuestros dos ojos en todo momento.


Pero si un personaje aparece de espaldas y quieres verle la cara, la imagen no cambia por más que le rodees, como ocurre en el mundo real. Para eso necesitas una representación 4D, que añada el tiempo –como el tiempo que usas para rodear al personaje— a las tres dimensiones del espacio. Algo de esto se puede ver con las gafas de videojuegos, o incluso con la técnica de las time slices (lonchas de tiempo) que se ha usado masivamente en los clips musicales desde hace décadas. Pero esos enfoques tienen mucho de artesanía. Con la IA actual se pueden generalizar y automatizar.


Una cosa más, y muy importante: los modelos del mundo 4D pueden aprender de la experiencia, cosa que queda fuera de las capacidades de ChatGPT. Algunos científicos de la computación creen que la AGI (inteligencia general artificial) no puede lograrse sin esa capacidad para actualizar permanentemente los datos con los que fue entrenada en primer lugar. Los LLM (como ChatGPT) no serán un fin en sí mismos, sino la interfaz para comunicar a los humanos con el modelo interior del mundo del robot. De todo esto oiremos hablar mucho durante 2026, al menos si Donald Trump nos lo permite.


                                                                    Javier Sanpedro. El Pais Tendencias 4 febrero 2026

28 ene 2026

Los cerebros técnicos del proyecto imperial del America First


La tecnocracia trumpiana está reorganizando muy bien las competencias en torno a un proyecto imperial muy agresivo encarnado por un grupo relativamente restringido de personalidades que constituyen el nuevo «cerebro técnico» del America First: Stephen Miran, Scott Bessent y Stephen Miller.


Stephen Miran representa bien este cambio. Encarna el arquetipo del tecnócrata económico de alto nivel: formación universitaria muy técnica, doctorado en Harvard, experiencia en los mercados y la política económica, dominio del vocabulario de los bancos centrales y las instituciones financieras internacionales. Su papel dentro del bloque trumpista no es desmantelar la maquinaria técnico-financiera, sino reorientarla: la sofisticación macroeconómica se utiliza para transformar el Tesoro, la Reserva Federal y los instrumentos fiscales y regulatorios en palancas de un nacionalismo económico asertivo, basado en las guerras comerciales, la reestructuración de las cadenas de valor y el uso estratégico del dólar.


Scott Bessent, por su parte, encarna el aspecto puramente financiero de esta misma metamorfosis. Procedente del mundo de los hedge funds, con una reputación forjada en su capacidad para anticipar las crisis y maniobrar capitales a escala mundial, el secretario del Tesoro no pretende legitimarse por sus cualidades de imparcialidad y ponderación. Su función es ser un «operador» extraordinario de los mercados. Es precisamente este capital de credibilidad, adquirido en la esfera privada, el que se le pide que transfiera a la esfera pública: el Estado se concibe como una gran cartera que hay que reestructurar, un presupuesto imperial que hay que reequilibrar en beneficio de los intereses de los ciudadanos estadounidenses… y de la familia Trump


Stephen Miller

Su experiencia reside en su dominio de la teología política secularizada: saber crearse enemigos eficaces, organizar una semántica amigo-enemigo, convertir los resentimientos sociales en identidades colectivas y en medidas administrativas severas capaces de redefinir las fronteras, los derechos y las relaciones entre el Estado y el individuo


Retomando la taxonomía León / Zorro (Pareto), en Miran y Bessent prevalece la dimensión «zorro» de la élite: astucia técnica, capacidad para manejar instrumentos complejos, familiaridad con la ingeniería financiera e institucional del capitalismo mundial. Mientras que en Miller prevalece la función «león»: insistencia en la soberanía, las fronteras, el orden, disposición a recurrir a la fuerza del Estado y a la dureza normativa para marcar una ruptura clara con el orden anterior. 


Es el entrelazamiento de estos dos perfiles lo da lugar a una tecnocracia híbrida, en la que la sofisticación analítica y la brutalidad decisoria se refuerzan mutuamente. 

                                                

                             Resumen del articulo de Lorenzo Castellani en GranContinent  25/1/26

29 oct 2025

La AI frente a las fuentes de producción de energia

GAFAM es un acrónimo que se refiere a las cinco mayores empresas tecnológicas de Estados Unidos: Google (ahora parte de Alphabet), Apple, Facebook (ahora Meta), Amazon y Microsoft. Las GAFAM, actualmente empiezan a invertir en centrales nucleares privadas para poder alimentar sus centros de datos, privatizando así, parte del sector eléctrico estadounidense.

Las GAFAM participan en diversos proyectos para utilizar esta fuente energética por la necesidad de poder abastecer sus megacentros de datos, cuya demanda eléctrica está creciendo exponencialmente debido a la implantación masiva de la inteligencia artificial (IA). Actualmente nos encontramos frente a un "renacimiento nuclear" global, impulsado por diversos factores y tendencias como la seguridad energética, la descarbonización, la geopolítica y la tecnología. Este proceso se está acelerando por la demanda de los grandes proveedores de servicios cloud o "hiperescaladores" para sus megacentros de datos. Los hiperescaladores son proveedores de servicios en la nube a gran escala, como Amazon Web Services (AWS), Microsoft Azure, y Google Cloud, que opera una vasta red global de centros de datos para ofrecer recursos de cómputo, almacenamiento y red a sus clientes. Estas empresas ofrecen servicios bajo demanda para manejar cargas de trabajo masivas, lo que permite a las organizaciones que los contratan escalar sus operaciones de manera flexible y eficiente


Microsoft y Meta han firmado contratos de suministro de energía (PPA) a 20 años con Constellation Energy para reiniciar la planta de Three Mile Island y ampliar el Centro de Energía Limpia de Clinton, respectivamente. Google ha cerrado un acuerdo con Kairos Power para adquirir energía de sus reactores SMR, cuya entrada en funcionamiento está prevista para 2035.


Los analistas señalan que los gigantes tecnológicos identifican cada vez más la adquisición de energía como el principal obstáculo para el desarrollo de la IA, y las proyecciones actuales sugieren que es improbable que las redes eléctricas convencionales puedan satisfacer este crecimiento de la demanda.


En España, los actores que están impulsando este negocio figuran, además de las grandes tecnológicas, constructoras e inmobiliarias como ACS, Merlin o Azora; eléctricas como Iberdrola; o grandes fondos, como Blackstone o Stoneshield, entre otros. El fondo estadounidense Blackstone, por ejemplo, prevé invertir 11.805 millones de euros en la construcción de un "campus" de centros de datos en Zaragoza. El complejo, conocido como Proyecto Rhodes, ocupará 223 hectáreas y contará con ocho centros de datos de 54 MW cada uno.


Algunos proyectos actuales de energía nuclear de los gigantes tecnológicos 


A medida que la energía nuclear gana terreno entre las empresas tecnológicas, los principales actores están tomando medidas para asegurarse su futuro energético. Estos son algunos de los proyectos encabezados por Microsoft, Amazon y Google:


Microsoft lidera el camino en la utilización de la energia nuclear con planes para reutilizar instalaciones nucleares existentes. El mejor ejemplo es la revitalización de Three Mile Island. Pata ello Microsoft aseguro un acuerdo de 20 años para acceder a 835 megavatios de energía de la instalación nuclear de Three Mile Island. Este sitio histórico, conocido por su incidente de 1979, está siendo reutilizado para proporcionar energía limpia. El Plan de reactivación consiste en reiniciar un reactor fuera de servicio, con proyecciones de reanudación de operaciones para 2028, pendiente de aprobación regulatoria. Además del cambio de nombre de la instalación, donde la planta será rebautizada como Crane Clean Energy Center y una financiación de $1.6 mil millones para la modernización de su infraestructura. 

 

El creciente interés de la energía nuclear por alimentar los centros de datos ha renovado la atención sobre los estrictos requisitos de seguridad de las instalaciones nucleares. A medida que empresas como Microsoft, Amazon y Google persiguen ambiciosos proyectos nucleares, surgen preguntas sobre cómo estas nuevas empresas afectarán la sostenibilidad y la seguridad energéticas.


Ante esta creciente demanda de energía y los objetivos de sostenibilidad, el sector tecnológico deberían explorar soluciones energéticas innovadoras para poder impulsar sus operaciones. Los centros de datos, que sustentan todo, desde la computación en la nube hasta el desarrollo de IA, requieren grandes cantidades de electricidad y agua. Dada la presión para reducir la huella de carbono, la energía nuclear está emergiendo como una opción atractiva para los gigantes tecnológicos que buscan asegurar fuentes de energía confiables y continuas.


Microsoft, Amazon y Google están liderando el camino en este cambio hacia la energía nuclear, Sin embargo, la construcción o readaptación de instalaciones nucleares conlleva importantes desafíos de seguridad que deben abordarse para protegerse contra amenazas como el terrorismo y los ciberataques. 


A medida que la energía nuclear gana terreno entre las empresas tecnológicas, los principales actores están tomando medidas audaces para asegurar su futuro energético. Echemos un vistazo más de cerca a los proyectos encabezados por Microsoft, Amazon y Google. 


Microsoft lidera el camino en sostenibilidad con planes para reutilizar las instalaciones nucleares existentes. Por ejemplo la revitalización de Three Mile Island es un movimiento innovador, en el que  Microsoft aseguró recientemente un acuerdo de 20 años para acceder a 835 megavatios de energía de la instalación nuclear de Three Mile Island. Este sitio histórico, conocido por su incidente de 1979, está siendo reutilizado para proporcionar energía limpia con un plan de reactivación que consiste en reiniciar un reactor fuera de servicio, con proyecciones de reanudación de operaciones para 2028, pendiente de aprobación regulatoria, con el cambio de nombre e inversión donde la planta será rebautizada como Crane Clean Energy Center y recibirá $1.6 mil millones en mejoras para modernizar su infraestructura. 


Amazon, invierte en tecnología de reactores modulares pequeños para cumplir sus objetivos de energía renovable. Amazon Web Services (AWS) ha presentado una serie de iniciativas nucleares destinadas a aprovechar el potencial de los SMR (Small Modular Reactor) y para ello trabaja en el desarrollo de instalaciones con SMR en el estado de Washington, con una capacidad inicial de 320 MW ampliable a 960 MW. La construcción comenzará a finales de esta década para entrar en funcionamiento en la siguiente. Por otra parte, Amazon idera una ronda de financiamiento de 500 millones de dólares para apoyar el desarrollo de SMR de X-energy que ha suscrito un acuerdo con Amazon, Korea Hydro & Nuclear Power (KHNP) y Doosan Enerbility para ampliar la energía nuclear avanzada para la infraestructura de inteligencia artificial y los centros de datos en los Estados Unidos. Entre sus socios clave también se encuentran Dow Inc., con quien X-energy está instalando su primer reactor avanzado en las instalaciones de Seadrift, en Texas, y Energy Northwest, en el estado de Washington. Amazon, tiene otros poyectos estratégicos como las colaboraciones con Dominion Energy y Energy Northwest que incluyen planes para instalaciones de SMR en Virginia y en el Estado de Washington, proyectos que podrían proporcionar hasta 5 gigavatios de energía nuclear para 2039.


Google se asocia con proveedores de energía nuclear para garantizar energía confiable para sus centros de datos. Google también se ha unido a la carrera de la energía nuclear, asociándose con Kairos Power para comprar energía nuclear generada por SMR (Reactor Modular Pequeño) El primer SMR está programado para entrar en funcionamiento en 2030, y se esperan unidades adicionales para 2035. Potencia de salida se espera que sirva para añador 500 megavatios a la red, reforzando la capacidad energética de Google para sus centros de datos. 


A medida que Microsoft, Amazon y Google avanzan con sus proyectos nucleares, también deberían abordar los desafíos de protección de estas instalaciones críticas. En los próximos años, el equilibrio entre la utilización del poder de la energía nuclear y el mantenimiento de estrictos protocolos de seguridad será el punto clave de su éxito.


16 sept 2025

Los Megacentros de Datos llaman a la puerta

Los centros de datos ya se están convirtiendo en sinónimos de reindustrialización. En España, 30% de las nuevas solicitudes de conexión a la red en los últimos cuatro años ya corresponden a centros de datos. La Comunidad de Madrid concentra cerca del 60% de la capacidad instalada. Aragón está apostando muy fuerte por los centros de datos, declarando de interés general once megaproyectos con una teórica inversión privada de 47.000 millones de euros, que situaría esa región entre las zonas europeas con mayor capacidad compitiendo con Londres, Frankfurt y París.

Un centro de datos no es más que una gran nave industrial de última generación diseñada para alojar y gestionar grandes volúmenes de datos digitales en servidores y sistemas informáticos y de telecomunicación, junto con sus sistemas de respaldo. Su función principal es garantizar la disponibilidad, seguridad y eficiencia energética en el procesamiento y almacenamiento de información crítica para empresas, instituciones o plataformas digitales. A medida que se expanden las aplicaciones digitales, las sesiones de streaming, el almacenamiento de datos en la nube y se van desarrollando las aplicaciones de la IA se necesitan más y más centros de datos. En los últimos dos años, la potencia instalada en ellos en España se ha cuadruplicado.

Son instalaciones que requieren inmensas Inversiones y que llegan a caballo de las grandes compañías tecnológicas. En Aragón, los tres mayores proyectos los propone Amazon, que ha anunciado una inversión de 15.700 millones de euros, básicamente repartida en cuatro emplazamientos: Villanueva de Gállego, Huesca, el Burgo de Ebro y Zaragoza. El proyecto de Blackstone superaría los 11.000 millones en Calatorao (Zaragoza). Microsoft aparece con una inversión cercana a los 3.000 millones en Zaragoza. En Castilla-La Mancha Meta promete invertir cerca de mil millones en Talavera de la Reina. Todo ello además del anuncio del gobierno español y el gobierno catalán de presentar una candidatura, impulsada junto con un consorcio público-privada liderado por Telefónica, para construir un mega centro de datos en Mora la Nova con una inversión prevista de casi 5.000 millones de euros

Estos centros de datos se localizan, frecuentemente, en zonas rurales con mayor disponibilidad de suelos industriales baratos y más proximidad a la producción renovable. Cuentan casi siempre con un fuerte respaldo de las administraciones regionales y locales que los presentan como motores de desarrollo local, con promesas de empleo y revitalización. Se convierten así en un emblema de modernidad y de conexión con los flujos de innovación. Ofrecen poder simbólico. Zonas agrarias, zonas industriales en declive, zonas marginales se resignifican como “territorios tecnológicos”, lugares de futuro. Huesca albergará el nuevo centro de Amazon; Talavera de la Reina el de Meta, y Blackstone ha optado por Calatorao, un pueblo de 2.900 habitantes en las proximidades de la Almunia de Doña Godina en el sur de la provincia de Zaragoza.

Sin embargo, las críticas a la construcción de estos mega centros de datos también existe. Ámsterdam en 2019 y los Países Bajos en el 2022, aprobaron moratorias a la instalación de centros de datos. En 2019 Singapur también aprobó una moratoria. Dublín ha suspendido la concesión de licencias hasta el 2028. El motivo detrás de estas moratorias o prohibiciones ha sido el que los centros de datos consumen mucha electricidad y requieren también mucha agua para su refrigeración. De ahí que el gran consumo energético e hídrico puedan alejar otras posibles inversiones industriales con mayor impacto económico, social y territorial. La experiencia de otros países muestra que el impacto local de los Data Center suele ser modesto ya que no dejan de ser un gran centro de almacenamiento de servidores con una demanda de empleo cualificada muy limitada. El efecto arrastre es bajo comparado con otras industrias. La capacidad de crear a su alrededor un ecosistema digital innovador es real, pero no automática.

28 ago 2025

Thiel, Musk... La historia detrás de la mafia PayPal


La historia de dos sudafricanos, Elon Musk y Peter Thiel, es en realidad la de dos figuras clave del libertarismo

Me gustaría empezar con algunos antecedentes sobre Peter Thiel porque, aunque no es tan rico como Musk según Bloomberg, (tiene un patrimonio neto de solo 7.200 millones de dólares), ha logrado en los últimos cuatro años que Musk se alinee con su política ultralibertaria de extrema derecha. A diferencia de Musk, que se habría calificado a sí mismo de progresista durante la campaña de Obama del 2008, Thiel ha sido un incondicional de la extrema derecha desde los 16 años.

En el 2015, Thiel dijo: “Una de las cosas que me gustan de la tecnología es que, cuando no está regulada, puedes cambiar el mundo sin tener que obtener la aprobación de otras personas. En su mejor versión, no está sujeta al control democrático ni a la mayoría, que creo que a menudo es hostil al cambio”. En esencia, Peter Thiel no cree en la democracia, de la que ha dicho que es “incompatible con el capitalismo”. Tampoco le gusta la competencia. “Es para imbéciles”, afirmó a The Wall Street Journal. “Si quieres crear y retener valor duradero, intenta construir un monopolio”.1 Lo que tanto Thiel como Musk aprendieron al principio de sus carreras es que, si lograban crear un aura en torno a la magia de las grandes tecnológicas, podían mantener a los reguladores gubernamentales fuera de su negocio y tener éxito en el perfeccionamiento de sus monopolios.

Thiel, formado en el apartheidPeter Thiel nació en Alemania en 1967; cuando tenía 1 año, su padre Klaus, ingeniero químico, se mudó con la familia a Cleveland (Ohio). Antes de que Peter cumpliera 9 años, la familia se mudó a la ciudad de Swakopmund, en África del Sudoeste (hoy Namibia), donde Klaus fue contratado en la que ha sido la mayor explotacion minera de uranio en una generación. En aquel momento, África del Sudoeste formaba parte de la gran Sudáfrica, que estaba bajo un régimen de apartheid. Un informe del Comité de Apoyo a Namibia declaró más tarde que los trabajadores “morían como moscas” en 1976 durante la construcción de la mina intoxicados por radiación.

Durante la mayor parte de su historia, Swakopmund había estado ocupado por inmigrantes alemanes. Peter fue enviado a una escuela alemana muy estricta, donde los alumnos iban con uniforme y recibían castigos corporales. Más tarde, contaría a sus amigos que fue el comienzo de la búsqueda de una filosofía ultralibertaria de la vida. Pese a su experiencia escolar, Sudáfrica le encantó. Años más tarde, en la universidad, no dudó en defender el apartheid. Como dice su biógrafo Max Chafkin: “Una estudiante afroamericana, Julie Lythcott-Haims, se encaró con Thiel por su postura en favor del apartheid... Thiel la miró con cara de extrañeza y, según refirió la propia Lythcott-Haims, respondió que la negación sistemática de los derechos civiles a los negros por parte sudafricana era una actitud económicamente razonable. Cualquier cuestión moral resultaba irrelevante”.2

De regreso a EE.UU. en 1977, la familia se instaló en Foster City, una ciudad de clase media baja en la bahía de San Francisco. Aquellos años fueron una fuente de sufrimiento para Peter. No practicaba deportes y era objeto constante de acoso por parte de otros niños, que se burlaban de él por su comportamiento ligeramente afeminado. Halló en el ajedrez una actividad que podía dominar y pasó horas perfeccionando su juego. Acabó fundando un club de ajedrez en la escuela y logró hacer algunos amigos. Se graduó en el instituto con matrícula de honor en matemáticas, sacó sobresaliente en los exámenes de acceso a la universidad y fue el mejor de la clase. Ingresó en la Universidad Stanford en plena época de Reagan, tras haber leído toda la obra de Ayn Rand.

Stanford era un oasis de pensamiento conservador donde el discurso académico era dominado por el Instituto Hoover. El libro que acabó por dar forma al pensamiento político de Thiel fue The sovereign individual, de James Dale Davidson y William Rees-Mogg.3 La obra describe el colapso del Estado nación como una posibilidad apasionante para las élites, que se librarían así de la regulación y serían capaces de comportarse “en unos términos semejantes a la relación mantenida por los dioses de la mitología griega”. Las milicias privadas protegerían a los oligarcas, mientras el resto de la humanidad se vería abocada a la miseria y la violencia indiscriminada.

El empollón Musk

Elon Musk creció en Sudáfrica y, al igual que Peter Thiel, fue un niño introvertido y torpe, víctima a menudo de acoso escolar. Una vez tuvo que ir al hospital después de que un grupo de compañeros de clase lo lanzara escaleras abajo. Su madre dijo: “Creo que Elon siempre fue un poco diferente, pero con un estilo de empollón. Eso no le hacía caer bien a sus compañeros”.

Elon Musk se envuelve en una cortina de humo. Buscó refugio en los libros. Y, a diferencia de Thiel, nunca intentó defender el régimen sudafricano. De hecho, huyó del país a los 17 años, en 1988, en pleno apogeo de la lucha contra el apartheid, para evitar ser reclutado por las fuerzas de seguridad, que reprimían violentamente los esfuerzos de la población negra por acabar con la discriminación. Llegó a Toronto (su madre era canadiense) con la esperanza de vivir en casa de un familiar, pero resultó que este se había mudado a Minnesota. Musk vagó por Canadá, haciendo trabajos ocasionales, y logró ser admitido en la Universidad de Queens en Ontario. Dos años después, se trasladó a la Universidad de Pensilvania y se graduó en 1995 con una licenciatura en Física y otra en Economía. Fue aceptado en el programa de doctorado en ciencias de los materiales de Stanford, pero lo dejó en la primera semana para crear una empresa de internet con su hermano.

La compañía, Zip2 era una guía urbana de internet para el sector editorial de la prensa, con mapas, direcciones y páginas amarillas. En un año, Zip2 había llegado a acuerdos con The New York Times y el Chicago Tribune. Uno de los ejecutivos del mundo del periodismo con los que negoció Musk recordaba: “Dormía debajo del escritorio y no olía muy bien. No tenía ningún interés especial en los periódicos. Me dijo que se dedicaba a eso para ganar dinero y luego hacer lo que realmente quería hacer, que era diseñar naves espaciales”. En una decisión que presagiaba posteriores elecciones profesionales, Musk convenció a su junta directiva de que rechazara una oferta de City Search, el sitio web que dominaba entonces la categoría que Zip2 pretendía revolucionar.

Tres años después, y solo diez meses antes de la caída de las puntocom de principios de la década del 2000, Musk y su hermano vendieron Zip2 a Compaq por 307 millones de dólares en efectivo. Elon se llevó 22 millones de dólares. Hasta entonces, había dormido en el sofá de la oficina y se duchaba en la YMCA local, es decir en la Asociación Cristiana de Jóvenes Varones. Cuenta que cuando él y su hermano no se ponían de acuerdo en una decisión empresarial, hacían un combate de lucha libre en medio de la oficina para decidir qué se hacía.

Confluencia Thiel-Musk

Con el dinero de la venta de Zip2, Elon se lanzó al mundo de la banca en línea y formó X.com. Musk y Thiel empezaron como rivales por el mismo espacio de pagos en línea. X.com, de Musk, contaba con el respaldo de Sequoia Capital, una de las principales compañías de capital riesgo de Silicon Valley. La joven empresa de Thiel se llamaba PayPal y se centraba en el envío electrónico de dinero entre Palm Pilots, los primeros ordenadores de mano. Musk y Thiel, que trabajaban literalmente uno frente al otro en Palo Alto, se dieron cuenta de que la fusión era la única vía racional hacia la rentabilidad. La caída de las puntocom a principios de la década del 2000 aumentó la necesidad de fusionarse. Sin embargo, Musk tenía la sartén por el mango: la empresa de Thiel casi no tenía dinero; X.com, en cambio, contaba con liquidez y el respaldo de Sequoia. En la fusión, Musk terminó con la participación mayoritaria y el puesto de director ejecutivo. Ahora bien, Musk era un gerente un tanto temerario. La empresa, que ya se llamaba X PayPal, crecía muy deprisa, en parte debido a los incentivos para unirse a ella, pero también porque cualquiera podía obtener una cuenta. En un banco normal, no puedo abrir una cuenta a nombre de Tom Brady si no demuestro de algún modo que soy Tom Brady. En X PayPal, eso no era un obstáculo. En cuestión de meses, las cifras de fraude se dispararon. El ideal libertario original de Peter Thiel para PayPal era que pudiera proporcionar a cualquiera cuentas bancarias anónimas tipo suizo, todo ello fuera de la supervisión del Gran Gobierno. La realidad era que quienes necesitaban anonimato eran los defraudadores fiscales, los blanqueadores de dinero, los traficantes de armas y los delincuentes internacionales. Los estafadores de poca monta también fueron grandes usuarios desde el principio; sobre todo, después de que eBay se convirtiera en un enorme mercado para PayPal. Los usuarios compraban algo en una subasta, enviaban el dinero a través de PayPal y luego los productos nunca aparecían.

Peor aún, la idea básica que Thiel había vendido a los inversores (que la gente dejaría su dinero en PayPal, que luego podría ganar intereses sobre el capital flotante) nunca se materializó. En un momento dado, cuando estaban al borde de la bancarrota, Musk llevó a Thiel a una reunión en Sequoia en su flamante deportivo McLaren de 150.000 dólares. Al querer presumir de la impresionante aceleración del vehículo, Musk chocó contra un terraplén medio kilómetro antes de llegar a Sequoia. Al salir del coche destrozado, Musk se volvió hacia Thiel y le dijo: “Mira, había leído todas esas historias sobre gente que ganaba dinero, compraba coches deportivos y luego se estrellaba con ellos. Estaba tan convencido de que eso nunca me iba a pasar que no contraté ningún seguro”.4 Thiel empezó a sospechar que Musk estaba fuera de control.

En 1999 Thiel sostenía que PayPal daría a los ciudadanos un control sobre sus monedas como el que nunca habían tenido. Se acabaría el ‘robo’ por parte de los gobiernos corruptos

Por entonces, Musk empezó a hacer valer su poder y propuso que se cambiara el nombre de PayPal por el de X.Com. Muchos miembros del personal respondieron que el nombre sonaba a sitio porno; además, a los usuarios de eBay, que constituían ya una gran parte de la base de usuarios, les encantaba el nombre de PayPal. Musk, que no se dio cuenta de que se fraguaba una rebelión, se marchó en ese momento de luna de miel a Australia con su nueva esposa. A las pocas horas de su partida, la mayoría del personal entregó a la junta de administración y a Thiel una carta anunciando su partida si Musk no era reemplazado por Thiel como director ejecutivo. Thiel se reunió con Sequoia y aceptó convertirse en director ejecutivo. Los leales a Musk se pusieron en contacto con él en Sidney, e inmediatamente voló de regreso a San Francisco, diciendo: “Toda esta actividad es abyecta”. Pero ya era demasiado tarde. La junta se puso del lado de Thiel, y a Musk le mostraron la puerta de salida.

Confrontación y venta de PayPal

Thiel se dispuso de inmediato a reescribir la historia de la fundación de PayPal, basándola en su propia filosofía ultralibertaria. En 1999, pronunció un discurso en el que dijo: “PayPal dará a los ciudadanos de todo el mundo un control sobre sus monedas más directo que el que han tenido nunca. Será casi imposible que los gobiernos corruptos roben la riqueza de la población con los métodos de siempre porque, si lo intentan, la gente cambiará a dólares, libras o yenes y se deshará de la moneda local sin valor en favor de algo más seguro”. Se trata, por supuesto, del mismo    discurso que repite hoy para apoyar el bitcoin. En una conferencia sobre criptomonedas en noviembre del 2021, dijo que el precio de 60.000 dólares del bitcoin demostraba que “la Reserva Federal estaba en crisis”.5

Peor aun por lo que hacía a Musk, Thiel consiguió que Eric Jackson, uno de sus empleados, escribiera un libro llamado The PayPal Wars. El libro de Jackson grabó en piedra la versión de la historia de Thiel en la que Elon era retratado como un director general ególatra empeñado en destruir la compañía. En respuesta, Musk escribió una entrada de 2.000 palabras en el blog Valleywag de la compañía Gawker. En ella, llamaba a Eric Jackson “un idiota servil, un peldaño por encima de un becario”, y luego añadía: “Dado que Eric adora a Peter, el resultado era evidente: Peter suena como Mel Gibson en Braveheart y mi papel está en algún lugar entre lo irrelevante y la mala semilla”.6

Sin embargo, al margen de que Thiel ganara la guerra de las relaciones públicas, una de sus acciones hizo que Musk acabara siendo mucho más rico que él. Introdujo el concepto de blitzscaling (escalada relámpago), que básicamente significaba que PayPal iba a gastar todo su efectivo disponible para hacerse con el mercado de pagos en línea y aplastar a sus competidores. Una vez logrado el dominio, la compañía podría subir los precios; y eso es justo lo que hizo a los vendedores de eBay después de que PayPal sacara del negocio a Billpoint, el procesador de pagos de eBay. Cuando eBay se dio cuenta de la cantidad que PayPal recibía de cada transacción, no tuvo más remedio que comprar PayPal.

La transacción por 1.500 millones de dólares en acciones de eBay se cerró en octubre de 2002. Musk recibió 175 millones de dólares por su participación mayoritaria en PayPal y se trasladó en el acto a Los Ángeles para fundar una compañía de cohetes. Thiel dividió sus 55 millones de dólares entre su fondo de cobertura (Clarium) y un nuevo fondo de riesgo llamado Founders Fund. En una maniobra que sigue maravillando a los asesores fiscales hasta el día de hoy, Thiel logró depositar todos los ingresos de la venta de eBay en una cuenta Roth IRA (de jubilación individual, con impuestos diferidos) y posteriormente realizó la mayoría de sus inversiones (incluida la de Facebook) desde ese vehículo libre de impuestos.

Crecimientos dispares

Tras la venta de PayPal a eBay, Fortune quiso hacer un reportaje sobre “La mafia de PayPal”, puesto que el círculo exclusivamente masculino de nerds alrededor de Thiel empezaba a crear por entonces todo tipo de empresas en Silicon Valley (Yelp y YouTube las más destacadas). Thiel organizó una sesión de fotos en un bar poco iluminado, en la que él hizo el papel de Don Corleone. Musk se negó a participar: “La filosofía de Peter es bastante extraña. No es normal. Es un inconformista desde el punto de vista de la inversión y piensa mucho en la singularidad”.7 Elon ya no formaría parte de un equipo. Era el Llanero Solitario de la tecnología.

Sin embargo, de modo más importante, la salida de Musk de PayPal lo situó en una trayectoria muy diferente a la de Thiel, que era un firme del OPM (Other People’s Money), las inversiones llevadas a cabo con capital ajeno. En el 2002, Musk se embarcó en dos de las empresas más arriesgadas de la historia: la reinvención del coche eléctrico y la redefinición completa del diseño y la fabricación de cohetes. Y lo hizo con su propio dinero. Sin socios que pudieran echarlo, tomó él mismo todas las decisiones empresariales importantes. En su libro sobre gestión que se ha convertido en un superventas, Built to last: Successful habits of visionary companies, Jim Collins y Jerry Porras citan la táctica de fijar un “gran objetivo audaz y peliagudo”, o BHAG (pronunciado “bi-hag”), como forma de impulsar el rendimiento en una organización.8 Del mismo modo que Musk utilizó la idea de “Hombres en Marte” como BHAG para SpaceX, el objetivo de Tesla fue la “Conducción autónoma totalmente automatizada”. En el 2016, Musk anunció que los nuevos propietarios de Tesla podrían descargar el software de conducción autónoma en un plazo de seis meses si pagaban un extra en el momento de la compra. Dicho anuncio supuso una conmoción enorme para su personal de ingeniería, que sabía que el software de conducción autónoma no estaba ni mucho menos listo para ser lanzado.

Elon Musk no lo reconocerá debido a su retórica ultra-libertaria, pero el gobierno de Obama lo salvó de la quiebra en el 2009 con una ayuda a Tesla de 465 millones de dólares

Por supuesto, la descarga del software nunca llegó, pero cada año, como un reloj, Musk anunciaba que estábamos a las puertas de la conducción autónoma. Seguimos a las puertas. Musk anunció a continuación que iba a construir una fábrica de Tesla totalmente automatizada que no necesitaría trabajadores humanos. El fracaso de esa ridícula iniciativa fue convertida en una historia semiheroica por Musk, quien tuiteó que había dormido en la fábrica durante seis meses para dirigir a su equipo. Ahora bien, como escribió Edward Niedermeyer, autor de Ludicrous: The unvarnished story of Tesla Motors, “Lo que omitió en su relato autoglorificador fue la realidad que vivieron los empleados. Su presencia no aportó ningún conocimiento real en el proceso de fabricación, solo la presión autoritaria de un jefe cuya humillación pública estaba salpicada de declaraciones como ‘Podría estar en mi isla privada rodeado de supermodelos desnudas y bebiendo mai tais... y no lo hago’”.

En un momento dado, tras los múltiples fallos en la línea de producción de Tesla y SpaceX, Musk se quedó sin dinero y se planteó tener que decir qué empresa salvar. “Podía elegir entre SpaceX o Tesla o repartir el dinero que me quedaba entre ellas”, recordó Musk. “Era una decisión muy difícil. Si repartía el dinero, puede que ninguna de las dos empresas sobreviviera. Si invertía todo el dinero en una, la probabilidad de que sobreviviera era mayor, pero eso significaría la muerte de la otra. Le di vueltas una y otra vez”.

Al final, el gobierno de EE.UU. salvó a Elon Musk, aunque hoy no lo reconocerá debido a la retórica ultralibertaria que ahora defiende. En junio del 2009, el gobierno de Obama anunció un préstamo de 465 millones de dólares a Tesla. La cantidad formó parte del esfuerzo de Obama por salvar la industria automovilística nacional; aunque, por supuesto, palidece en comparación con los 10.000 millones de dólares prestados a General Motors. Al año siguiente, la NASA y la Fuerza Aérea decidieron reducir su dependencia de los cohetes rusos en la puesta en órbita de satélites y recurrieron a SpaceX; así, Musk logró salvar las dos compañías. Se calcula que SpaceX podría recibir este año del Gobierno hasta 56.400 millones de dólares. Tesla tiene un contrato de 400 millones con el Departamento de Estado para servir “vehículos eléctricos blindados”. Ahora que está definiendo las prioridades del gasto público, Musk ha hallado por fin la fórmula perfecta para mantener su posición como hombre más rico del mundo. 

Notas

1. Peter Thiel, “Competition is for losers”, The Wall Street Journal, 21/IX/2014.

2. Max Chafin, The contrarian. Peter Thiel and Silicon Valley’s pursuit of power, Nueva York, Penguin Press, 2021.

3. James Davidson y William Rees-Mogg, The sovereign individual, Nueva York, Simon&Schuster, 1997.

4. Ashlee Vance, Elon Musk: Tesla, SpaceX and the quest for a fantastic future, Nueva York, Ecco Press, 2015.

5. Harry Robertson, “Tech billionaire Peter Thiel says bitcoin’s record-high price shows inflation is at a crisis point”, Business Insider, 1/XI/2021.

6. Ashlee Vance, op. cit.

7. Ibid.

8. Jim Collins y Jerry Porras, Built to last: Successful habits of visionary companies, Nueva York, Harper Business, 1994


@Jonathan Taplin.Vanguardia Dossier 17/07/2025. 


Peter Thiel, el maestro de pensamiento clave en la Administración Trump


Empresario e inversor, Thiel promueve una ideología basada en el libertarismo económico y el rechazo al Estado. En mayor medida que ningún otro presidente estadounidense, Donald Trump ha tenido ocasión de mostrar un comportamiento superficial, incoherente y volátil.1 Elon Musk, por su parte, brilla por su estilo errático y llega a publicar hasta un centenar de tuits al día para exponer su punto de vista, anunciar un cambio de rumbo en alguna de sus empresas o algún reposicionamiento político tras pasar en pocos años de ser un declarado partidario del Partido Demócrata a ocupar el papel de segundo al mando en el Gobierno estadounidense más reaccionario desde la Segunda Guerra Mundial. No es el caso de Peter Thiel, quien hace gala de coherencia ideológica desde hace casi cuarenta años. Desde sus tiempos de estudiante en Stanford, en la segunda mitad de los ochenta, el hombre que se ha convertido en figura clave del mundo de la empresa y las finanzas en EE.UU. ha obrado incansablemente para hacer de la alianza entre el libertarismo económico y la lucha contra los derechos sociales el horizonte común de ese país y ello desde el norte de California, la cuna histórica del progresismo. Peter Thiel ha hecho del ir a contracorriente su modo de vida. Fundó un periódico estudiantil conservador, The Stanford Review, en 1987, en un momento en que la universidad defendía el multiculturalismo. A principios de la década de 1990, abandonó una carrera como abogado para convertirse en operador de derivados financieros.2 Luego, en pleno auge de internet (1996-1998), se trasladó a San Francisco aunque no para convertirse en empresario, sino en inversor, al revés de lo habitual entonces. En el 2000, creó finalmente su propia compañía con un objetivo: desestabilizar el indestructible sector bancario. En el 2016, apostó durante la campaña presidencial por un recién llegado a la política, Donald Trump, una controvertida estrella de telerrealidad condenada por agresión sexual, discriminación e irregularidades financieras desde mediados de la década de 1970. Esa elección le valió a Thiel la indignación de Silicon Valley. El campus de la Universidad Stanford en Palo Alto, California Getty Images Cabría pensar que la historia le ha dado la razón, pero es más acertado decir que Thiel nunca ha dejado de imponer sus puntos de vista al curso de la historia. No es un mero espectador de su tiempo: orienta, influye y mueve sus peones, también en el tablero político. Como señala el periodista Max Chafkin en su biografía de Thiel: “Las ideas de extrema derecha son tan antiguas [en Silicon Valley] como el sector tecnológico; existen desde que se fundó la Universidad Stanford. Aunque ha sido Peter Thiel quien las ha sacado a la superficie y utilizado como arma”.3 La difusión de sus ideas Thiel ha difundido sus ideas en forma de cursos, artículos, conferencias, podcasts, actividades benéficas, financiación de empresas, becas y candidatos a diversas elecciones, y organización de cenas y fiestas, sobre todo en alguna de sus residencias de San Francisco, Los Ángeles, Miami o Washington DC.4 Ha sido asesor político, intelectual, empresario, inversor y filántropo, todo ello con igual éxito. Se ha enriquecido muchísimo a lo largo de los años. Empezó en 1996 con un millón de dólares recaudados entre amigos y familiares, y ahora disfruta de una fortuna de 17.700 millones de dólares estimada en abril del 2025, lo que le sitúa en el puesto 129.º del mundo.5 Canaliza parte de esa riqueza hacia sus tres fondos de inversión, que cubren todo el espectro financiero. Funders Fund, creada tras la venta de PayPal en el 2002, es una compañía de capital riesgo con sede en San Francisco y centrada en startups tecnológicas locales. Con 11.000 millones de dólares en activos gestionados, es hoy una de las empresas de capital riesgo con mejor rendimiento de la región. Clarium Capital, ubicado en San Francisco y antes en Nueva York , es un macrofondo de 8.000 millones de dólares con operaciones en todo el mundo. La compañía Mithril Capital, en Austin desde el 2012, se centra en transformaciones sostenibles y decisivas en energía y sanidad. Además, Thiel sigue como empresario con Palantir, con un valor estimado de 8.500 millones de dólares (marzo 2025) y responsable sobre todo de soluciones para el análisis automatizado de vídeos en movimiento dentro del proyecto Maven del Pentágono. También Thiel forma parte de diversos consejos de administración, incluido el de Meta hasta el 2022 como primer inversor externo en Facebook. Ese entramado de intereses explica que ejerza hoy una influencia más discreta pero mayor incluso que la de Elon Musk. Aunque las relaciones con Trump han sido turbulentas en los últimos años,6 un total de quince miembros de empresas dirigidas por Peter Thiel ocupan altos cargos en la Administración estadounidense. Puede contar con el apoyo de su antiguo compañero de Stanford David Sacks, primer asesor de la Casa Blanca en materia de inteligencia artificial y criptomonedas. Jim O’Neill, su antiguo empleado en Mithril Capital, ha sido nombrado subsecretario de Salud y Servicios Humanos. El exdirector financiero de Clarium Capital y jefe de personal de Thiel Capital, Michael Kratsios, fue asesor científico en el primer mandato de Trump y lo es ahora en el segundo. Jacob Helberg, actual subsecretario de Estado de Desarrollo Económico, es un antiguo empleado de Palantir. Está casado con Keith Rabois, amigo de Thiel desde hace cuarenta años, antiguo empleado de PayPal y cofundador de Palantir. Por último, el vicepresidente de alto perfil J.D. Vance mantiene una estrecha relación con Thiel desde el 2011, cuando escuchó con fervor una conferencia del multimillonario impartida en Yale en la cual este culpó a las élites en el poder del estancamiento tecnológico de EE.UU.7 J.D. Vance fue director de Mithril Capital en el 2016 y el 2017. Y en caso de un problema de salud del presidente Trump, que tiene 78 años, Vance se convertiría en el dirigente del país. Más allá del Capitolio Pero el pensamiento de Thiel se extiende más allá del Capitolio. Su libro Zero to One ha vendido más de 2,5 millones de ejemplares.8 Es un conferenciante muy solicitado y ocupa con frecuencia lugares de honor en ferias tecnológicas y eventos organizados por alguno de los cientos de institutos libertarios activos en las grandes ciudades estadounidenses. También cuenta con otras voces para difundir sus ideas, como los podcasts de Keith Rabois, también inversor destacado en el ámbito de las criptomonedas; Joe Lonsdale, cofundador de Palantir y abanderado del renacimiento patriótico estadounidense; Curtis Yarvin, teórico de la ilustración oscura, que celebra las libertades frente a la democracia; o Richard Hanania, una de las figuras más destacadas del antiwokismo y el anticovidismo. Son varias las expresiones utilizadas para designar a semejante grupo: “Mafia Paypal”, “Thielverso”, “Thielbucks”, etcétera. Thiel ha vendido más de 2,5 millones de ejemplares de su libro ‘Zero to One’, es un conferenciante muy solicitado y ocupa lugares de honor en ferias tecnológicas y eventos de los centros libertarios Paradójicamente, se sabe poco sobre Thiel más allá de lo que él mismo ha dicho, autorizado decir o dejado decir. A diferencia de Elon Musk, no ha sido objeto de innumerables biografías. Nacido en Frankfurt en 1967 en el seno de una familia de ingenieros de minas, también ha vivido (como Musk y David Sacks) en la Sudáfrica del apartheid antes de instalarse en EE.UU. Ahí se convirtió en campeón nacional de ajedrez, tras haberse dedicado con pasión al juego Dragones y mazmorras. Le gustaba especialmente ejercer de “guardián de la mazmorra”, a la vez que de árbitro y narrador.9 Como el caso de muchos jóvenes de su generación, su película favorita era Star Wars y se sumergió en el universo de El señor de los anillos, obra en la que se inspiró para bautizar nada menos que a seis empresas.10 Thiel es, por lo tanto, un maestro en el arte del relato y su control. Para comprender su pensamiento, hay que recurrir al método Thiel, cuestionando lo que suele decirse acerca de él. Ideas y hechos Thiel se define a sí mismo como libertario, una corriente de pensamiento nacida en Francia en el siglo XIX que ha adquirido diferentes definiciones a lo largo del tiempo. Sin embargo, no dudó en silenciar el medio de comunicación Gawker en 2016, financiando el juicio interpuesto por Hulk Hogan (antigua estrella de lucha y partidario de Donald Trump) en un acto de represalia contra el medio por haber revelado su homosexualidad. También se posicionó en relación con sectores que los libertaristas más convencidos consideran patrimonio del Estado, como la moneda (con PayPal) y la seguridad interior y exterior (con Palantir). Asimismo, se fijó como objetivo acabar con los monopolios, contradiciendo así toda la teoría neoclásica. Thiel es, por lo tanto, menos libertarista que seguidor de ciertos principios políticos heredados de la escuela austriaca de economía o de Milton Friedman en EE.UU. Ha desarrollado incluso junto con el nieto de Milton Friedman el Seasteading Institute, una organización sin ánimo de lucro destinada a desarrollar comunidades autónomas y móviles en aguas extraterritoriales. La visión política de Thiel deriva de lasficciones de Tolkien, que describen un universo irreductiblemente dividido y basado en diferencias intrínsecas entre los grupos, en cuyo lado bueno se sitúa él Porque el libertarismo no es para todo el mundo: legitima las desigualdades y supone la constitución de un enemigo, una polaridad negativa, que ha adoptado a lo largo del tiempo varias caras: universidades, bancos, medios de comunicación, demócratas, a los que designa por su apellido (en particular, Bill y Hilary Clinton, Barack Obama y Kamala Harris), a los que acusa de dar la espalda al legado de Occidente. Esa radicalidad enemiga no es solo interna, sino que también se dirige al exterior: Rusia, China, Japón, Corea. Con eso reactiva una temática xenófoba que se remonta en California a 150 años atrás, a la época de las grandes oleadas migratorias asiáticas. Por lo tanto, es erróneo considerarlo, como hizo el FBI, un “filósofo”.11 Es cierto que Thiel cita con frecuencia a Carl Schmitt, Leo Strauss o René Girard. No obstante, quienes son de verdad filósofos nunca mencionan el nombre de Thiel. Y con razón, ya que no ha propuesto sistemas filosóficos, conceptos originales y ni siquiera ha impartido clases sobre esa disciplina. Existe una importante discrepancia entre el aura intelectual de Thiel y la fragilidad de su pensamiento. Esa diferencia se reduce si prestamos atención a sus recursos retóricos. Visionario pesimista y profeta A Thiel le gusta abordar grandes cuestiones de la historia (religión, futuro, progreso...) para decir que no las hemos respondido bien; sobre todo, por culpa de enemigos previamente designados. De hecho, no es tanto un filósofo como un maestro de la guerra que juega en su discurso con una amenaza que estaría a punto de abalanzarse sobre nosotros. En ese sentido, se muestra como un visionario y casi un profeta. Sin embargo, las referencias que utiliza con mayor frecuencia no tienen que ver con el futuro, sino con el pasado: Ronald Reagan, Margaret Thatcher, el EE.UU. de la década de 1950 enfrentados a la Rusia de Stalin, o incluso la década de 1930, que él idealiza como la época de los grandes proyectos, pero que es también la época del racismo y las grandes desigualdades. El futuro de Thiel está orientado hacia el pasado. Las fuentes de su pensamiento se remontan hacia atrás casi en su totalidad (Carl Schmitt, Friedrich Hayek, Leo Strauss, René Girard, J.R.R. Tolkien). La singularidad del pensamiento de Thiel no radica, por lo tanto, en su vanguardismo, sino en la forma de entremezclar las referencias prescindiendo de todo rigor académico. Así, extrae su concepción antropológica de los economistas liberales: no existe la sociedad, sino los individuos. La teoría del deseo mimético de René Girard inspiró su estrategia empresarial y motivó su inversión en Facebook. De la obra de J.-J. Servan Schreiber El desafío americano extrajo su visión del orden mundial, determinado por los índices de productividad y el nivel de innovación de cada país. Y su visión política se deriva de las ficciones de J.R.R. Tolkien, que describen un universo irreductiblemente dividido y basado en diferencias intrínsecas entre los grupos. Peter Thiel se sitúa con decisión en el lado bueno de la historia. Al igual que los elfos, trabaja para escapar de la muerte y considera que sirve al mundo alertándolo de los peligros invisibles que lo amenazan. Porque el pensamiento de Thiel está impregnado de pesimismo. Para invertir el curso de los acontecimientos, Thiel ha forjado una nueva élite, a la que ha seducido, reclutado, cultivado y luego mentorizado. Así, tras las elecciones del 2016, convenció a Mark Zuckerberg para que no se enemistara con los periodistas conservadores y aconsejó a Sam Altman que debía enfrentarse al consejo de administración de OpenAI, que consideraba ganado a la causa del largoplacismo en noviembre del 2023.12 Esa cultura de la mentoría es antigua en Silicon Valley. Sin embargo, la particularidad de Thiel es haber fundado, como en la época de la academia de Platón, una verdadera escuela de pensamiento. Notas 1. El presente texto se apoya principalmente en un análisis lexicométrico de los discursos públicos de Peter Thiel entre 2007 y 2025 realizado en una investigación colectiva junto con Antoine Houssard y Céline Vaslin del Centro Internet y Sociedad de CNRS. 2. George Packer “No Death, No Taxes”, The New Yorker, 20/XI/2011. 3. Max Chafkin, The Contrarian. Peter Thiel and Silicon Valley’s Pursuit of Power, Nueva York, Penguin, 2021. 4. Theodore Schleifer y Alyson Krueger, “A Trump Party Hosted by Peter Thiel, with All of Silicon Valley”, New York Times, 18/I/2025. 5. Chase Peterson-Withorn, con Grace Chung y Matt Durot, “World’s Billionaires List. The Richest in 2025”, Forbes. 6. Anna Wiener, “What Is About Peter Thiel”, The New Yorker, 27/X/2021. 7. Heike Buchter, “Der Thronfolger und seine Milliardäre”, Die Zeit, 16/11/2024. 8. “CS183: Startup - Peter Thiel Class Notes”, https://blakemasters.tumblr.com/peter-thiels-cs183-startup. 9. Max Chafkin, “Peter Thiel’s Origin Story. His ideology dominates Silicon Valley. It began to form when he was an angry young man”, New York Magazine, 20/IX/2021. 10. Paris Marx, “Peter Thiel’s influence over a network of Lord of the Rings-inspired companies”, Disconnected, 2/VIII/2024. 11. Anna Wiener, “What Is It About Peter Thiel?”, The New Yorker, 27/10/2021. 12. Keach Hagey, “The Secrets and Misdirection Behind Sam Altman’s Firing From OpenAI”, The Wall Street Journal, 28/III/2025. Olivier Alexandre es doctor en Sociología, investigador del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS),miembro del Centro Internet y Sociedad y antiguo profesor visitante de la Universidad Noroccidental y la Universidad Stanford. Sus investigaciones se centran en la cultura y el mundo digital. Desde el 1 de enero del 2025 es director adjunto del Centro Internet y Sociedad (UPR 2000).

@Olivier Alexandre La Vanguardia Dossier. 24/07/2025

Mira Murati, la mujer que creó ChatGPT


Pocas figuras han ascendido tan rápido en Silicon Valley como Mira Murati. Conocida como “la mujer detrás de ChatGPT”, fue Directora de Tecnología de OpenAI, además de la fuerza motriz que puso en manos del público la herramienta de IA más disruptiva de nuestro tiempo. En la cima de su influencia, hizo lo impensable: dejó la compañía que ayudó a convertir en un gigante global para embarcarse en un nuevo proyecto. Su misión, tan ambiciosa como la anterior, es resolver uno de los problemas más profundos de la IA: su naturaleza de caja negra y los riesgos que ello conlleva. Murati no solo quiere construir la próxima generación de IA; quiere que la entendamos y la controlemos de verdad. Ahora sí. Nacida en Vlorë, Albania, en 1988, en un entorno post-comunista con recursos limitados, su prodigioso talento para las matemáticas la catapultó a una beca en Canadá con 16 años. Se formó como ingeniera mecánica en la prestigiosa Dartmouth College, en Estados Unidos, donde ya demostraba su capacidad para unir teoría y práctica construyendo un coche de carreras híbrido. Su carrera arrancó en la industria aeroespacial, pero fue en Tesla, a partir de 2013, donde su destino cambió. Al trabajar en el desarrollo del Model X y, sobre todo, en el sistema de piloto automático, Murati encontró su revelación: “Mi trabajo en Tesla me expuso a la IA”, confesaría después. Esa experiencia la convenció de que la Inteligencia Artificial General (AGI) sería “la última y más importante tecnología que construyamos”. Tras un paso por la startup de realidad virtual Leap Motion, aterrizó en OpenAI en 2018, atraída por la promesa de desarrollar esa AGI de forma segura. Mira Murati, CEO de Thinking Machines Lab y ex CTO de OpenAI La visión de Murati sobre la tecnología conlleva una cierta dualidad. Por un lado, es una optimista radical que ve en la IA el poder de “elevar y ampliar la inteligencia colectiva de la humanidad”. Por otro, es una pragmática consciente de sus peligros. Su advertencia más célebre resuena con escalofriante gravedad: al hablar de los riesgos de una IA fuera de control, no dudó en afirmar que “el caso más cercano es, por supuesto, el de las armas nucleares”. Semejante tensión define su pensamiento. Para Murati, el desafío no es solo técnico, sino filosófico. Así lo resume ella: “¿Cómo se consigue que el modelo haga lo que uno quiere y se asegure de que esté alineado con la intención humana y, en última instancia, al servicio de la humanidad?”. Por supuesto, la respuesta a esta pregunta no está en los laboratorios, sino en la sociedad. Por eso ha insistido en que el debate debe ser público e inclusivo, involucrando a reguladores y gobiernos, porque “somos un grupo pequeño de personas y necesitamos muchos más aportes”. Esta filosofía es la piedra angular de su nueva empresa, Thinking Machines Lab, fundada en 2025. ¿Su propósito? Murati identifica una “brecha importante” entre las capacidades de los modelos actuales y nuestra precaria comprensión científica de cómo funcionan. Su objetivo es cerrar esa brecha. Thinking Machines Lab, constituida como corporación de beneficio público, busca crear sistemas de IA más transparentes, personalizables y, sobre todo, comprensibles. La ambición es construir modelos que colaboren con científicos y programadores para lograr avances sin precedentes, pero siempre desde una base de seguridad y ética. El poder de convocatoria de Murati quedó patente al reclutar a talentos de primer nivel como John Schulman, cofundador de OpenAI, demostrando que su visión resuena con fuerza entre los propios arquitectos de esta tecnología. Murati no solo quiere construir la próxima generación de IA; quiere que la entendamos y la controlemos de verdad Por supuesto, una figura de su calibre no ha estado exenta de polémicas. Su carrera ha estado marcada por un intenso escrutinio público, y algunos de sus comentarios han generado controversia. El más notorio fue cuando sugirió en una entrevista que algunos trabajos creativos que la IA podría eliminar “quizá nunca debieron existir”, declaración que provocó la ira de la comunidad artística y fue calificada de “desliz de relaciones públicas”. Otra vez, su respuesta evasiva —“no estoy segura”— cuando se le preguntó si el modelo de vídeo Sora se entrenó con vídeos de YouTube, alimentó las críticas sobre la falta de transparencia de OpenAI. Murati ha afrontado estas tormentas defendiendo la necesidad de un debate abierto, aunque a veces incómodo, sobre el impacto de la IA. Su salida de OpenAI, tras la caótica destitución y regreso de Sam Altman, también estuvo rodeada de especulaciones, pero ella la enmarcó en la necesidad de “crear tiempo y espacio para hacer mi propia exploración”. Un movimiento que ahora cobra todo el sentido. Mira Murati representa una nueva clase de líder tecnológico. No es la clásica figura del programador convertido en CEO, sino una ingeniera con una profunda conciencia de las implicaciones éticas y sociales de su trabajo. Su trayectoria, desde la construcción de ChatGPT hasta la fundación de Thinking Machines Lab, es la crónica de una búsqueda personal y profesional para reconciliar la innovación sin límites con la responsabilidad ineludible. Su nuevo proyecto no es solo una empresa; es una tesis sobre cómo debería ser la próxima era de la inteligencia artificial: más potente, sí, pero también más sabia, segura y, en última instancia, más humana. Antonio J. es escritor y cofundador y director editorial de www.rrefugio.com, agencia especializada en contenido, ecommerce, estrategia digital y branding L.V. Antonio J. Rodríguez • 24 de juliol de 2025

21 ago 2025

El porqué de la dependencia de la UE de USA

Actualmente la Unión Europea representa la encarnación del enemigo para los tres grandes componentes del movimiento MAGA. 1. Los populistas radicales al estilo de Bannon ven en ella la encarnación de la odiada tecnocracia globalista. 2. Los nacionalistas conservadores (NatCons) del tipo del Claremont Institute denuncian una Europa descristianizada y posmoderna, necesariamente decadente. 3. Los oligarcas de Silicon Valley, del tipo de Peter Thiel, temen el poder regulador de la Unión sobre un mercado de 400 millones de europeos y, por lo tanto, una amenaza para la acumulación ininterrumpida de su fortuna personal. ¿Por qué la mayoría de los líderes europeos hasta ahora parecen negarse a aceptar la realidad? Esta aparente inercia se debe, en primer lugar, a los costes internos: la prosperidad europea de la posguerra se basó en: - la protección estadounidense, - la explotación económica de las poblaciones inmigrantes en Europa - un modelo social basado en proyecciones demográficas totalmente irrealistas. Estas tres condiciones a tuaomente están desapareciendo o ya han desaparecido: la protección estadounidense es dudosa, la tercera generación de descendientes de inmigrantes ya no quiere ser tratada como mano de obra explotable y los sistemas de protección social ya se enfrentan al muro demográfico que hace imposible su financiación. Pero, en el contexto actual, mantener este tipo de discurso es, evidentemente, un suicidio político. Hoy ya es más rentable importar las guerras culturales estadounidenses a Europa, como hacen la mayoría de los partidos de derecha, o pretender restablecer un modelo económico-social cuyas condiciones de posibilidad han desaparecido, como hacen la mayoría de los partidos de izquierda. Por otra parte, el instrumento militar europeo sigue dependiendo de los «enablers» estadounidenses —inteligencia, vigilancia y reconocimiento, reabastecimiento en vuelo, transporte aéreo estratégico, guerra electrónica, defensa antimisiles) y sigue estando infradotada en materia de defensa aérea integrada y fuego de profundidad. En resumen,la UE se mantiene en un estado total de dependencia muy dificil de cambiar, y más con la carencia de lideres de talla europea que tenemos.

2 ago 2025

Trump y la Unión: el precio oculto de una capitulación

Perspectivas sobre la actualidad Europa frente a Trump: ¿qué hay que hacer? ¿Qué ocurrió realmente la semana pasada en Turnberry entre Ursula von der Leyen y Donald Trump? Según Pascal Lamy, la sumisión europea podría tener efectos profundos, diferentes de las consideraciones tácticas y económicas esgrimidas hasta ahora. «La principal amenaza para el mundo —y, por lo tanto, para nosotros— es de naturaleza política. Seamos claros: para nosotros, los europeos, Trump podría representar una amenaza tan grave como la guerra desencadenada por Putin en 2022». Autor Pascal Lamy 1 de agosto de 2025 El acuerdo comercial preliminar anunciado el 27 de julio por Donald Trump y Ursula von der Leyen en Turnberry, en Escocia, fue recibido con una inusual oleada de críticas en la Unión, a las que la Comisión tuvo dificultades para responder. El núcleo de las críticas se centra en la asimetría de un «deal» que parece muy poco transaccional: un 15% de aranceles sobre los productos europeos, frente a un 0% sobre los estadounidenses, con algunas excepciones por ambas partes, todo ello acompañado de compromisos europeos de compras e inversiones en Estados Unidos. Se reprocha a la Unión haber cedido, por debilidad y sin luchar, a la relación de fuerzas establecida por la amenaza estadounidense de aranceles mucho más elevados. En este momento, el núcleo del argumento de la Comisión se basa en dos puntos esenciales. Por un lado, la negociación ha permitido evitar una guerra comercial transatlántica con consecuencias económicas muy perturbadoras, que nadie deseaba, ni los Estados miembros, divididos sobre las contramedidas que debían adoptarse, ni los círculos empresariales en su conjunto. Por otra parte, en el contexto geoestratégico incierto de la guerra en Ucrania, la prioridad de la Unión debe seguir siendo evitar una retirada estadounidense, cuyas consecuencias serían más catastróficas que la pérdida de mercados en los Estados Unidos o un menor crecimiento en Europa. Las deficiencias de una negociación A la vista de la información disponible actualmente sobre el contenido del acuerdo, valorarlo no significa volver sobre las razones para evitar una escalada, lo cual es comprensible, aunque también se podrían haber considerado otras opciones tácticas, sino responder a la pregunta de si el precio que hay que pagar por este retroceso está justificado desde el punto de vista económico y político. Hay varias razones para ponerlo en tela de juicio. En primer lugar, es difícil estimar ese precio, que podría resultar más elevado de lo previsto, ya que aún quedan por negociar varios capítulos y la mayoría de las rebajas mencionadas. Además, no existe un texto del acuerdo, sino presentaciones de cada parte cuyas diferencias comienzan a aparecer. En estas condiciones, hablar de acuerdo es precipitarse. Queda mucho por negociar. La incertidumbre también se refiere a la ambigüedad jurídica que rodea la forma que adoptará el acuerdo, cuándo y si lo hay, para entrar en vigor por parte europea. ¿Cuáles serán las bases jurídicas utilizadas para tomar las decisiones necesarias? ¿Qué hay de la implicación formal, o no, del Consejo y del Parlamento? Se trata de una cuestión sustancial. Está en juego la democracia europea, la necesidad de que todos adopten una posición abierta, de salir de las posturas hipócritas favorecidas por la opacidad del proceso de negociación o por las críticas fáciles dirigidas a la Comisión, cuando se trata de una responsabilidad colectiva. En segundo lugar, los compromisos europeos de compra a Estados Unidos parecen desproporcionados en relación con la realidad de la oferta y la demanda en términos de energía y, lo que es más, difícilmente compatibles con la descarbonización europea. En cualquier caso, incluidas las inversiones prometidas por Europa, las decisiones no son competencia de la Comisión. De ahí las probables dificultades de interpretación o aplicación, sobre las que Estados Unidos mantendrá el control frente a un socio cuya posición táctica se encuentra actualmente debilitada. Los demás litigios transatlánticos, actuales o futuros, no están en absoluto «estabilizados», por utilizar la expresión de la Comisión. Corren el riesgo de interferir rápidamente en cuestiones comerciales, como en el caso de la regulación de los sectores financiero o digital, o incluso del ajuste de carbono en las fronteras. «It’s not the economy, stupid» Sin embargo, estas consideraciones no deben hacernos perder de vista un punto aún más importante. El precio a pagar es más político que económico. Las fuerzas políticas euroescépticas no han perdido la oportunidad de burlarse de este resultado, presentado como lo contrario de la máxima según la cual la unión de los europeos es su fuerza. También argumentarán que el Reino Unido ha recibido un trato mejor, aunque este argumento no es muy convincente, ya que este país tiene un déficit comercial con Estados Unidos. Es cierto que la Unión no sólo acepta su posición de debilidad, sino que, al mismo tiempo, avala el retorno del proteccionismo y el uso de la coacción por parte de Estados Unidos, lo que es aún más grave para el futuro. También ratifica el razonamiento trumpista según el cual el desequilibrio comercial transatlántico en bienes —sin mencionar el superávit estadounidense en servicios— es una cuestión arancelaria que podría corregirse mediante la violación de las normas de la OMC por ambas partes. Sin embargo, si bien los flujos comerciales se adaptarán a lo que pueden asimilarse a cambios relativos de precios provocados por aranceles o fluctuaciones cambiarias, no ocurrirá lo mismo con los efectos negativos que pueden pesar durante mucho tiempo sobre la reputación y la credibilidad de la Unión, ya mermadas por la renuncia de la Comisión a construir una coalición internacional lo suficientemente poderosa como para disuadir a Donald Trump y salir del enfrentamiento bilateral. China y Rusia se verán tentadas a sacar sus propias conclusiones. Comprender la verdadera naturaleza de la amenaza trumpista Esta renuncia podría tener un efecto aún más profundo. Seamos claros: para nosotros, los europeos, Trump podría representar una amenaza tan grave como la guerra desencadenada por Putin en 2022. Puede parecer impensable, pero con Trump están amenazadas la democracia y las libertades políticas en Estados Unidos y en el mundo. Para Europa, la primera línea del frente se encuentra evidentemente allí, como en Ucrania —y ahí reside su verdadera razón de ser—. La principal amenaza para el mundo —y, por tanto, para nosotros— es de naturaleza política. Si Trump y sus aliados logran corromper la democracia estadounidense, ¿cuántas democracias verdaderas quedarán en el mundo? ¿Qué quedaría de los principios de libertad e igualdad heredados de la Ilustración si el iliberalismo llegara a imponerse en Europa con el apoyo estadounidense? Ciertamente aún no hemos llegado a ese punto, pero hay que estar alerta. Para comprender finalmente toda la magnitud de lo que está realmente en juego, hay que ampliar la perspectiva y relacionar el 15% de los aranceles de Turnberry con el compromiso adquirido por los europeos en la última cumbre de la OTAN celebrada en La Haya a finales de junio de destinar el 5% de su PIB a la defensa. Estos dos episodios han supuesto para la Unión ceder a las exigencias del presidente estadounidense, a costa de concesiones importantes, ambigüedades e imprecisiones impuestas por su estilo y su precipitación, lo que sin duda dará lugar a futuras disputas. En nombre de la preservación de una cooperación transatlántica de la que la Unión no puede prescindir sin exponer a sus poblaciones a peligros sistémicos, espera a cambio un apoyo estratégico duradero por parte de Estados Unidos. Sin embargo, este apoyo no está garantizado en modo alguno, ni por las palabras ni por los hechos de la Administración Trump. Ahí radica la asimetría más preocupante. Se podría responder que esa es la realidad geopolítica, y más concretamente geoestratégica, de nuestros días, y que la Unión no tiene más remedio que aguantar los ataques de Trump. Para salir de este punto muerto y emprender el tan ansiado camino hacia la autonomía estratégica, es decir, hacia la soberanía, es necesario acelerar considerablemente la integración económica y política de los europeos. La hoja de ruta está clara: hay que remediar nuestra debilidad económica y recuperar nuestra competitividad, como proponen Mario Draghi y Enrico Letta; aumentar nuestras capacidades de defensa; consolidar el Estado de derecho y prohibir los retrocesos; reconquistar nuestro lugar en la frontera de las tecnologías del futuro; diversificar nuestras relaciones comerciales con los países emergentes. ¿Puede el episodio de Turnberry convencer aún a los europeos de que necesitamos más ambición colectiva, voluntad política y cohesión para lograrlo, y de que ha llegado el momento de acelerar el paso, incluso ante los próximos giros en nuestras relaciones con Estados Unidos? «La supervivencia o el declive», decía Jacques Delors, entonces presidente de la Comisión Europea, cuyo centenario acabamos de celebrar. Esta fórmula se había considerado pesimista en su momento. Y aquí estamos.